Los derechos humanos

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Versión para imprimirTRIBUNA: FERNANDO SAVATER

Los derechos humanos
FERNANDO SAVATER 17/01/1992

"Pese a no poder ofrecer una justificación convincente, me siento bastante seguro afirmando que la parte oscura de la historia del hombre (y con mayor razón de la naturaleza) es mucho más amplia que la clara". Esta profesión de fe, más llena de sentido común que de pesimismo, subyace en toda laconcepción de los derechos humanos que expone Norberto Bobbio en La edad de los derechos (editada en castellano por la Fundación Sistema), el libro en que recoge sus ensayos sobre este tema escritos a lo largo de los últimos 25 años. Los derechos humanos son un expediente para aliviar los males sociales de los hombres y para intentar asegurarles el disfrute mínimo de algunas ventajas: noconstituyen la garantía de que veremos instituida por fin en este mundo la Jerusalén celestial. Se trata de una conquista histórica, no del descubrimiento de una verdad eterna, afincada en la divinidad o la naturaleza: como el resto de los derechos, son algo que los hombres se conceden unos a otros, la institucionalización de un trato entre ellos. Como cualquier otro logro fruto del devenir histórico,revelan en su perfil las circunstancias culturales que los hicieron posibles y van experimentando mutaciones de acuerdo con el cambio de éstas. Por ello, el empeño de justificarlos metafísicamente es mucho menos urgente qué el de protegerlos y cumplirlos con eficacia. En último extremo, no provienen tanto de las promesas de la luz como del espanto de las sombras, no pretenden conseguir inauditosbienes imaginados sino evitar males conocidos: jura inventa metu injusti. El planteamiento básico de la cuestión de los derechos humanos que así efectúa el gran maestro italiano de la filosofía del derecho resulta de impecable sensatez. Continuemos citándole: "Puede afirmarse, en general, que el desarrollo de la teoría y de la praxis (más de la teoría que de la praxis) de los derechos del hombre se hadirigido desde el final de la guerra esencialmente en dos direcciones: en. dirección a su universalización y hacia su multiplicación". Ambos desarrollos son vistos como el indicador más fiable de que cierto progreso histórico ha sabido abrirse paso entre los horrores de un siglo sellado por guerras, totalitarismos y miseria. Hasta aquí, nada que objetar. Sin embargo, cabe preguntarse no sólo cómopodrán ser vencidos los obstáculos que interfieren en tales desarrollos, sino algo aún más profundo y preocupante: si quizá universalización y multiplicación no pueden en muchos casos oponerse e incluso sabotearse mutuamente. Es algo que Bobbio apunta en ocasiones pero que no desarrolla plenamente, y constituye el punto sobre el que quisiera centrar este comentario a su libro. La pretensión deuniversalidad de los derechos humanos es el más distintivo de sus rasgos y el más provocador. Hablando hegelianamente, aunque no sea idioma de moda, el universalismo de estos derechos es el núcleo dinámico-de su pretensión revolucionaria merced a las polaridades dialécticas que plantea: son derechos aun allí donde la legislación positiva no los acata explícitamente; tienen vigencia incluso dondeningún poder establecido puede hacerlos cumplir; van transformándose históricamente, pero al unísono para todos, como si el desarrollo político y moral de todas las comunidades fuese idéntico; consagran el derecho a la diferencia (¿a la libertad de elección?), pero en cuanto derecho se impone a las diferencias que defiende, como único e igualmente obligatorio para todos... Que los seres humanos somosfundamentalmente semejantes, no sólo en lo tocante al parentesco biológico, sino también más allá, en cuanto a nuestra capacidad de producir símbolos, ideales y organización social, es cosa comúnmente admitida. Pero aquí comienzan precisamente las dificultades. Un pensamiento de Rivarol las condensa con lucidez ejemplar: "La admirable naturaleza ha querido que lo que los hombres tienen de común...
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