Los zombies

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EL OFICIAL DE MATRIMONIOS
PRIMERA PARTE
Livia Pertini se enamoró por primera vez el mismo día que Puppeta, su búfala favorita, gan{o la competencia de la belleza.
Hasta la gente de Fiscino lo recordaba, la Fiesta de Albaricoque, celebrada cada año, incluía no sólo un concurso para premiar los frutos más cercanos a la perfección entre los cultivados en los cientos de pequeños huertos plantadosen las laderas del volcán Vesubio, sino también un certamen para elegir a la joven más hermosa de la región. La primera de estas pruebas la presidía Nino, el padre de Livia, a quien, como dueño de la hostería del pueblo, se le atribuía el paladar más delicado; la segunda era presidida por don Bernardo, el cura, considerado que su condición de célibe le permitía juzgar con cierta objetividad.
Delos certámenes, el de belleza era el menos controvertido, sin duda porque las muchachas del poblado eran voluptuosas, de oscura cabellera y piel olivácea, y por lo tanto era sencillo elegir a la más grata. En la otra parte, cada variedad de albaricoques ten{ia ardientes defensores, y la idea de que los honores pudieran concederse a la variedad equivocada provocaba tantas y tan ásperas discusionescomo la designaci{on del hortelano que hubiese producido los mejores frutos.
Livia no perd{ia el tiempo en esas minucias. Un dia de fiesta significaba que a la hora del almuerzola pequeña hoster{ia se ver{ia más abarrotada que de costumbre, y ella y su hermana Marisa se hab{ian levantado antes del amanecer para preparar los platillos que servirían en las mesas diseminadas en la terraza, a lasombra de los emparrados que protegían del ardiente sol del medio día. Por lo demás, todo mundo sab{ia que al final la vencedora ser{ia una u otra de las hermanas Farelli.
---Hola--- dijo una voz masculina proveniente de la pequeña habitaci{on que servía de cantina y de comedor---. ¿Hay alguien aquí?
---No--- dijo Livia. Tenía las manos llenas de burrata húmeda y hojas trituradas.
---Entonces debode estar hablando con un ángel, un fantasma---dijo la voz---.
Cuando no hay nadie, generalmente nadie me rsponde.
Un sabelotodo, pensó Livia y elevó la mirada al techo.
---Quiero decir que no hay nadie que lo atienda.
---¿Está tan ocupada que no puede ofrecer un vaso de limoncello a un soldado sediento?
---Ni para eso tengo tiempo---dijo Livia---.Sírvase y deje el dinero sobre el mostrador.Es lo que hace todo el mundo.
---¿Y si no dejo el total?
---Lo maldiciré y le sucederá algo terrible.
Livia escuchó que el hombre descorchaba una botella y poco después oyó el sonide cayo de la bebida que preparaba su padre cayendo en un vaso. Acto seguido un hombre vestido de militar entró a la cocina. Sostenía un vaso en una mano y en la otra llevaba unas monedas.
Pensé que si dejaba lasmonedas en el mostrador alguien podría robarlas y entonces usted creería que yo era el ladrón.
Livia señaló un aparador con el codo.
---Deje allí el dinero.
Era un hombre muy apuesto, se dijo Livia. El uniforme negro recientemente diseñado por Mussolini acentuaba sus estrechas caderas y sus anchos hombros, y sus negros ojos parecían sonreírle bajo la visera de la gorra militar asentada en laexuberante cabellera rizada. La piel tostada, unos dientes muy blancos y una expresión de sólida confianza en su simpatía completaban el cuadro.
---¿Qué hace aquí?--- Preguntó el joven apoyándose en el aparador---.
Pensé que todos andarían fuera.
---Estoy rezándole a Santa Cecilia por usted---dijo Livia---. O bien está ciego o es un cretino. ¿Qué le parece que estoy haciendo?
El soldado no parecióinmutarse.
---Creo que está cocinando---dijo.
---Genial---señaló Livia con sarcasmo.
---¿Sabe una cosa? Dijo el joven soldado tras beber un gran trago---. Es usted más linda que muchas de las chicas que están en la competencia.
Livia ignoró el cumplido.
---Debí suponer que a eso había venido. A contemplar muchachas.
---La verdad es que vine porque mi amigo Aldo deseaba venir. Estoy de...
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