Luis barragan y chucho reyes

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  • Publicado : 1 de marzo de 2011
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En sus orígenes, la obra de Jesús Reyes Ferreira careció de pretensiones artísticas. Los sencillos trazos que estampaba en pliegos de papel de china no tenían otra intención que decorar las envolturas para regalo de su tienda de antigüedades. Sin embargo, con el tiempo, hacia la mitad del siglo XX, ese espontáneo divertimento ya había suscitado numerosos y elocuentes testimonios de admiración yrespeto por parte de muchos de los principales creadores mexicanos de la época.
A pesar del casi unánime reconocimiento de los valores estéticos de sus obras, Reyes Ferreira seguía refiriéndose a ellas simplemente como “papeles” y a su oficio como el de un “embarrador de colores”. La deliberada modestia y el carácter casi anónimo de su producción respondían sin duda a un temperamento profundamentemarcado por una sensibilidad exacerbada y por convicciones de orden religioso que encuentran su expresión más cabal en la mística de san Francisco de Asís, al cual reconocía como figura tutelar y emblemática. 
Un poco por esta actitud recatada, un poco por su excentricidad (en el sentido pleno de su vida y su obra), y otro tanto por su alejamiento de las convenciones canónicas que imperaban enel medio del arte, en la actualidad su obra está injustamente valorada. Prueba de ello es que las más ambiciosas revisiones museológicas del arte mexicano del siglo XX lo han ignorado, así como también el hecho de que su obra (aunque forma parte de los acervos) no es incluida en los guiones curatoriales de las colecciones públicas más importantes de nuestro país, como es el caso del MUNAL o elMuseo de Arte Moderno. Esta situación se vuelve grave cuando consideramos que su aportación está al parejo de la de artistas jaliscienses como María Izquierdo, Juan Soriano o Luis Barragán, quienes han contribuido a definir la identidad visual que tenemos del arte mexicano hoy día.
¿Por qué han dejado fuera a Chucho Reyes? ¿Por qué se le considera como una figura importante pero prescindible? Quizáesto se deba a que las aproximaciones a su obra se han realizado desde una perspectiva inapropiada, una perspectiva que, de entrada, no sólo ignora las premisas en que se sustenta su obra sino que incluso las descalifica. Nos referimos a las nociones de “repetición”, “superficialidad”, “fragilidad”, “fugacidad” o “autoría” que son consustanciales a su producción, las cuales revelan su originalidady aun encarnan una cierta actitud de resistencia crítica hacia los valores convencionales del objeto artístico.
La figura de Chucho Reyes ha sido reconocida por su revaloración de la estética del arte popular, pero lo que no se ha dicho y ha sido insuficientemente analizado es la perspectiva de un hombre culto y enterado, incluso cosmopolita, que disponía de información abundante y calificadasobre la dinámica artística de su época.
Por ello, paradójicamente, una figura tan cercana a los valores tradicionales de nuestra identidad cultural hoy podría encontrar mejores condiciones para la realización de un acercamiento a su obra más acorde con sus aportaciones. Sin atribuirle el papel de precursor, podemos afirmar que sus obras encuentran resonancias y correspondencias con algunos rasgosde la producción contemporánea tales como la irrupción del humor, la serialidad, la noción de la obra efímera, la difuminación de las fronteras entre el arte culto y el arte popular, así como su actitud informalista y desapegada.
Dentro del reto que representa revalorar la contribución de Chucho Reyes al arte mexicano hay, sin duda, muchas asignaturas pendientes. Una de ellas es establecer larelación de este pintor tapatío con Georges Rouault, artista del fauvismo actualmente relegado a un segundo plano, que tuvo en su momento una fuerte presencia en el ambiente del medio intelectual de Guadalajara. Esta hipótesis no es del todo descabellada: baste recordar sus afinidades temáticas en relación con la religión, el circo y el prostíbulo.
Una flor, todas las flores tiene un propósito más...
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