Manipulacion cosmica

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  • Publicado : 9 de diciembre de 2010
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La Gran Manipulación Cósmica
Prólogo Es alarmante que la existencia del género humano, desde los albores de la historia, se haya movido sin excepción por unos derroteros en los que cada palabra —y, sobre todo, las palabras esenciales de la vida— no adquiría su significado propio, único e irrevocable, sino las acepciones que en cada ciclo cultural convenían a los grupos de presión en turno depoder. Es alarmante, sobre todo, comprobarlo ahora y aquí, cuando la mente del hombre está, en general, tan deformada por milenios de dependencia, que ya resulta casi imposible pensar que lleguemos algún día a darnos cuenta de nuestra auténtica situación y empecemos a llamar a las cosas por su nombre de una vez por todas; a entender su verdadero significado, sus motivos y asta el lugar exacto queocupan ellas en nuestra existencia y nosotros en la suya. El hombre es el gran engañado del cosmos. Prefiero decirlo así, con vergüenza, pero sin medias tintas. Y —diré más— es o somos engañados conscientemente, como si estuviéramos ansiosos de engaño, de dependencia, como si estuviéramos ancestralmente necesitados de que otros —quienes fueran— nos saquen de nuestra radical inseguridad, aunque sea acosta de dominios, de imposiciones y de obediencias que hayan de marcarnos para siempre como esclavos de cuanto —persona o entidad presuntamente celeste— aceptamos como cosa superior, como señora y dueña de nuestras vidas, de nuestro pensamiento y de nuestro mismo destino en tanto que especie zoológica, que es lo que somos. Curiosamente, el ser humano es el único animal que obedece a aquello quedesconoce radicalmente, el único ser que teme enfrentarse con lo desconocido. El único que ha convertido en práctica vital y en pan nuestro de cada día ese horrible refrán de la mal llamada sabiduría popular que cuenta que «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer». Si nos molestamos en observar el comportamiento de las bestias salvajes, comprobaremos que sólo huyen de aquello que sabenque les es hostil. Y que, en cambio, se atreven a husmear —tan cuidadosamente como queramos— en lo que desconocen. Parece como si, a todos los niveles vitales, el ser humano hubiera perdido definitivamente el sentido de su propia libertad y se hubiera plegado a todas las fuerzas que le arrastran irremisiblemente hacia la dependencia. Desde el slogan —horrible y criminal— del «¡sé libre, vístetecon...!», hasta el voto periódico y presuntamente voluntario en las urnas democráticas, cuidadosa y matemáticamente medido, la vida del hombre discurre sin remedio por las coordenadas de la manipulación, en una tensión constante entre los que necesitan ser condicionados y los que creen a pies juntillas que detentan la autoridad magistral para condicionar irremisiblemente a quienes mantienen debajo desu bota, de su ley o de su credo. Si repasamos la historia, los dogmas religiosos de todo tipo, la política, la guerra, las creencias, los juegos, las costumbres y hasta el eventual futuro del género humano (si repasamos todo esto con los ojos abiertos, quiero decir), comprobaremos, al menos a niveles personales, que el devenir de la especie, desde sus albores, ha sido una constante sucesión detensiones entre entidades minoritarias detentadoras de poder y una masa informe de gente incapaz de ejercer, ni por fuera ni desde dentro, su legítimo e inalienable derecho a la libertad. El ser humano ha sido —y lo es cada vez más— un ente condicionado, dependiente, propicio a la manipulación. Obedece por miedo y hasta con alegría a todo aquello que cree que le evita «la funesta manía de pensar» yle impone sus verdades por decreto. En esta tesitura, el hombre libre —y quiero decir realmente libre— se convierte en un proscrito, en un perseguido obligado al silencio,

cuando no a la mazmorra, a la hoguera o al disparo en la nuca a la vuelta de la primera esquina. Y todo ello, ¿por qué? No hay respuesta autorizada. Y, si la hay, queda ahogada por los gritos de los que saben chillar...
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