Mi amado mister b

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Mi amado mí?ster B.

Luis Corbacho







BARCELONA-MADRID
©?Luis Corbacho, 2004
©?Editorial EGALES, S.L. 2006 Cervantes, 2. 08002 Barcelona. Tel.: 93 412 52 61 Hortaleza, 64. 28004 Madrid. Tel.: 91 522 55 99 www.editorialegales.com
©? Colecció?n SALIR DEL ARMARIO
ISBN: 84-88052- 12-X Depó?sito legal: M-l3176-2006
©?Fotografí?a de portada: Simó?n PaisDiseñ?o y maquetació?n: Cristihan Gonzá?lez
Diseflo grá?fico de cubierta: Nieves Guerra
Imprime: Infoprint, S.L. c/ Dos de Mayo, 5. 28004 Madrid.
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A mi amado mí?ster B.


«?Toda literatura es chisme»?

Truman Capote





Uno

No puedo creer que todo el mundo aplauda a este boludo. «?Si no fuera escritor, me hubiera gustado ser escritora.»? ¿?A quié?n se le ocurre decir en la tele semejante huevada?Hace poco tení?a un programa de entrevistas faranduleras a medianoche y ahora se las da de escritor. ¡?Qué? caradura! Con esa pinta de nerd y ese flequillo ridí?culo. Só?lo falta que nos venga a vender sus libros... Dos de la madrugada. ¡?Mierda, mañ?ana tengo que estar en la revista a las nueve!
Ú?ltimo mié?rcoles de agosto. Tarde frí?a y lluviosa. En la redacció?n es un dí?a má?s. La edició?nde septiembre ya está? cerrada y no queda mucho por hacer. Tumbados en los sofá?s de la sala de reuniones estamos Mariana, Fernando y yo, la directora y los dos editores de Soho BA, la revista má?s top de Buenos Aires. Fernando fuma como una chimenea. Mariana no deja de lamer con ademanes fá?licos su quinto chupetí?n del dí?a. Desde que cambió? cigarrillos por chupetines engordó? como diez kilosy elevó? la frecuencia de sus continuos ataques de histeria. Enfundada en una falda elá?stica color rojo furioso, empieza a darnos otro de sus tediosos discursos sobre la responsabilidad social que tenemos como medio de comunicació?n y una sarta de pelotudeces que nunca se cansa de repetir. Fernando y yo la escuchamos fingiendo atenció?n y procurando mantener la actitud sumisa que tanto valoranuestra querida jefa. Por suerte, su verborragia se ve interrumpida por el timbre del telé?fono. Fernando me hace una mueca de alivio y nos reí?mos por lo bajo hasta que Mariana interrumpe con uno de sus exagerados gritos de espanto:
—?¡?Chicos, me olvidé?! Era el representante de Felipe Brown, dice que nos está? esperando hace media hora en el lobby del Plaza para la entrevista que tení?amospactada. ¿?Qué? hacemos?
—?Yo voy —?dice Fernando, resignado—?. ¿?No te acordá?s que me la habí?as dado a mí?? ¡?Puta madre! ¿?Y ahora qué? le pregunto a este tipo?
Se toma la cabeza con ambas manos dejando al descubierto su abdomen flá?cido, blancuzco y peludo que sobresale por debajo de su repetidí?sima camisa a cuadros y encima del pantaló?n negro que nunca se digna a cambiar. Así? esFernando: la esté?tica ocupa el ú?ltimo puesto de su ranking, y é?sa es una de las tantas razones por las que yo lo considero mi polo opuesto.
—?No sé?, inventa cualquier cosa, pero tomate un taxi ya para el Plaza, que no podemos quedar mal con la gente de la editorial —?le ordena Mariana—?. ¡?Qué? tarada, có?mo se me pasó?! ¿?Al menos leí?ste el ú?ltimo libro de Brown, no?
—?Ni el ú?ltimo ni elprimero, ¡?si es de cuarta! —?contesta Fernando en tono burló?n.
Yo me dedico a gozar la escena en silencio. Me encanta que la gorda soberbia se haya equivocado, y tambié?n saber que es Fernando y no yo el que tiene que salir corriendo para el centro en un dí?a de lluvia a entrevistar a un personaje que no interesa en lo má?s mí?nimo. Sin embargo, siento culpa. Así? que prefiero sumar puntos...
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