Milucha

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En el hogar paterno
Considero una predestinación feliz haber nacido en la pequeña ciudad de Braunau sobre el Inn; Braunau, situada
precisamente en la frontera de esos dos Estados alemanes, cuya fusión se nos presenta – por lo menos a nosotros los
jóvenes – como un cometido vital que bién merece realizarse a todo trance.
La Austria germana debe volver al acervo común de la patria alemana, y nopor razón alguna de índole económica.
No, de ningún modo, pues, aun en el caso de que esa unión considerada económicamente fuese indiferente o
resultase incluso perjudicial, debería llevarse a cabo, a pesar de todo. Pueblos de la misma sangre corresponden a una
patria común. Mientras el pueblo alemán no pueda reunir a sus hijos bajo un mismo Estado, carecerá de un derecho,
moralmentejustificado, para aspirar a una acción de política colonial. Sólo cuando el Reich abarcando la vida del
último alemán no tenga ya la posibilidad de asegurar a éste la subsistencia, surgirá de la necesidad del propio pueblo,
la justificación moral de adquirir posesión sobre tierras en el extranjero. El arado se convertirá entonces en espada y
de las lágrimas de la guerra brotará para la posteridad elpan cotidiano.
La pequeña población fronteriza de Braunau me parece constituir el símbolo de una gran obra. Aun en otro sentido se
yergue también hoy ese lugar como una advertencia al porvenir. Cuando esta insignificante población fue –hace más
de cien años-escenario de un trágico suceso que conmovió a toda la nación alemana, su nombre quedó inmortalizado
por los menos en los anales de lahistoria de Alemania. En la época de la más terrible humillación impuesta a nuestra
patria rindió allá su vida por su adorada Alemania el librero de Nüremberg, Johannes Philipp Palm, obstinado
“nacionalista” y enemigo de los franceses1. Se había negado rotundamente a delatar a sus cómplices, jejor dicho a los
verdaderos culpables. Murió, igual que Leo Schlagetter, y como éste, Johannes Philip Palmfue también denunciado a
Francia por un funcionario. Un director de la policía de Augsburgo cobró la triste fama de la denuncia y creó con ello el
tipo que las nuevas autoridades alemanas adoptaron bajo la égida del señor Severing2.
1
Johannes Philipp Palm fue fusilado por orden de Napoleón el 26 de agosto de 1806, acusado de la publicación de un folleto titulado “Alemania en su
más profundahumillación”.
2 Ministro del Interior durante el régimen social-demócrata.
En esa pequeña ciudad sobre el Inn, bávara de origen, austríaca políticamente y ennoblecida por el martirologio
alemán vivieron mis padres allá por el año 1890. Mi padre era un leal y honrado funcionario, mi madre, ocupada en los
quehaceres del hogar, tuvo siempre para sus hijos invariable y cariñosa solicitud. Pocoretiene mi memoria de aquel
tiempo, pues, pronto mi padre tuvo que abandonar ese pueblo que había ganado su afecto, para ir a ocupar un nuevo
puesto en Passau, es decir, en Alemania.
En aquellos tiempos la suerte del aduanero austríaco era “peregrinar” a menudo; de ahí que mi padre tuviera que
pasar a Linz, donde acabó por jubilarse. Ciertamente que esto no debió significar un descanso para elanciano. Mi
padre, hijo de un simple y pobre campesino, no había podido resignarse en su juventud a quedar en la casa paterna.
No tenía todavía trece años, cuando lió su morral y se marchó del terruño. Iba a Viena, desoyendo el consejo de
aldeanos de experiencia, para aprender allí un oficio. Ocurría esto el año 50 del pasado siglo. ¡Grave resolución la de
lanzarse en busca de lo desconocido sóloprovisto de tres florines! Pero cuando el adolescente cumplía los diez y siete
años y había realizado ya su examen de oficial de taller para llegar a ser “algo mejor”. Si cuando niño, en la aldea, le
parecía el señor cura la expresión de lo más alto que humanamente podía alcanzarse, ahora –dentro de su esfera
enormemente ampliada por la gran urbelo era el funcionario público. Con la tenacidad...
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