Montoneros, la buena historia

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MONTONEROS
“La Buena Historia”

José Héctor Amorín

edición regional:

Se recomienda la reproducción total o parcial de este libro, con autorización del autor, con el objeto de difundir y facilitar el acceso a material escrito o digital que de cuenta de experiencias y valores, planes y proyectos, acciones y movimientos, clases sociales ygeneraciones, ideas y culturas, momentos y circunstancias de la historia de la lucha de los pueblos por construir y componer un mundo mas justo. El libro también se puede leer online y descargarse [fragmentado en capítulos en formato PDF] en www.bitacoraglobal.com.ar.

Para contactarse con José “Pepe” Amorín –el autor- escribirle a pepeamorin@yahoo.com.ar.

2006 (Copyleft) Ediciones Estrategia– investigación militante Rosario - Sta. Fe

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

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Primera Parte

ACERCA DE NOSOTROS

Capítulo 1 – Nosotros Nosotros... De nosotros siete, el primero en morir fue el Negro Sabino Navarro: durante una semana se batió con la policía a lo largo de doscientos kilómetros, entre Río IV y Calamuchita; murió desangrado en Aguas Negras, pero pasó casiun mes antes de que encontraran su cuerpo, en agosto del '71. Treinta y tres años después de su muerte, de nosotros siete, solamente sobrevivo yo. Tal vez también Julia. Pocos meses después de la noche del alunizaje, ¿fines del '69?, ¿principios del '70?, sobre una mesa escondida en la vieja Perla del Once, los ojos negros de Julia se sucedieron sobre los ojos del Negro, de Leandro, de Tato y, porúltimo, se clavaron en los míos: reflejaban desesperación, locura, nuestra desesperación y nuestra locura. Dijo: "siento que ustedes están locos, que yo estoy loca, para mí no va más", dijo, se levantó y se fue. Me quedó la imagen de sus piernas, maravillosas, al alejarse de nosotros. Perdí su rastro, nunca más la vi. Cuando volví del exilio, mayo del '83, alguien asimiló su descripción a unacompañera que lideraba la comisión interna de una fábrica textil en Avellaneda. Desaparecida en el '76. Como Tato e Ilana. Ilana, me contaron, puso un kiosco en un barrio de Merlo e intentó pasar desapercibida. No lo logró, la marcaron por casualidad. A Tato lo venció la nostalgia por sus hijos: se lo llevaron de la casa una noche que fue a visitarlos. Leandro y la Renga1 también murieron en el '76:Pepe Ledesma y Ernesto Jauretche, en este orden, me describieron su muerte en algún momento de nuestro exilio en México Distrito Federal. El ejército los emboscó en una casita de Paso del Rey y ellos, a los balazos, cara le hicieron pagar su muerte. El Negro, Julia, Ilana, Tato, Leandro, la Renga. Y yo, el Petiso, José Amorín: me torturaron, estuve preso, tengo la piel marcada por las cicatrices decuatro balazos y al alma la tengo signada por la muerte de mis compañeros. No los recuerdo con tanta intensidad como los sueño. Y a veces los sueños se me confunden con los recuerdos. Recuerdo a Ilana y su atelier de pintora vocacional en cuyo caos la nochevieja del '68 tomó el toro por las astas y me enseñó a hacer el amor. Sueño que Leandro arruga la cara en una sonrisa sin dientes, me guiña unojo y, ante una de mis tantas cagadas que yo presumo sin retorno dice "no te calientes Petiso, de ahora en más controlá un poquito las liberaladas". Recuerdo el llanto de la Renga, mediodía, diciembre del '75, una pizzería de Liniers, encuentro casual, cuando dije "ya no estoy en la orga": sin darse cuenta volcó la botella de coca cola, se levantó, tropezó con la silla y se fue pero, al llegar a lapuerta, volteó: lánguida la mano, dolor en la mirada, me dijo adiós. A Tato lo sueño en un abrazo, una especie de reencuentro entre dos amigos que no se ven desde hace años, y él me lleva a su casa, un salón ubicado abajo de un edificio antiguo una de cuyas paredes es un ventanal que da a un lago gris: "aquí vivimos los muertos", dice Tato y, mientras limpia sus anteojos culo de botella,...
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