Novena a la inmaculada

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NOVENA A LA INMACULADA
EN ADVIENTO
El sacrosanto Sínodo exhorta encarecidamente a los teólogos y a los predicadores de la divina palabra que ilustren rectamente los dones y privilegios de la Bienaventurada Virgen, que siempre están referidos a Cristo, origen de toda verdad, santidad y piedad. L. G., 67.
Dos cosas debemos aprender en la Escuela dela Virgen:
Poseer a Jesucristo y
dar a Jesucristo.
F. Charmot.
 
La Virgen María, en Adviento
La figura de María, en el pensamiento de los Padres del Concilio, se va perfilando como una visión maravillosa a través del año. Dicen explícitamente: «Todo el misterio de Cristo está ahí, desde la encarnación y lanavidad, hasta la ascensión y pentecostés». Y María, en la más íntima conexión con él. María y Cristo. Dos realidades tan inseparables como lo son estas dos: Madre e Hijo.
Por eso, cuando a través del año litúrgico la Iglesia nos pone al alcance el misterio de Cristo, no puede menos de venerar «con amor especial a la Bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María, unida con lazo indisoluble a laobra salvífica del Hijo; en Ella la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la redención y la contempla gozosamente, como una purísima imagen de lo que ella misma, toda entera, ansía y espera ser» (S. L. 5, 1-3).
Nadie vivió jamás como María, en intensidad y participación, el misterio salvador. De forma que es tan imposible separarla de la cruz, resurrección, ascensión y Pentecostéscomo lo sería de la encarnación y nacimiento del Señor. Imprescindible, pues, inseparable de Cristo en todo su misterio de salvación.
Ahora bien, según algunos liturgistas, el período más litúrgicamente mariano del año es el santo tiempo de Adviento. Empieza, en efecto, con la Inmaculada, y culmina con la Maternidad divina por Navidad. Y así lo entendían y celebraban los cristianos de losprimeros siglos de la Iglesia, es decir, los más conscientes y comprometidos.
Pero vinieron los tiempos de relajación y olvido. Y así como los israelitas se habían cansado del maná en el desierto y apetecían sucedáneos más gratos a sus paladares estragados... también los cristianos relajados perdieron el gusto mariano del Adviento y buscaron un sustituto más a su gusto y alcance.
Asíparece que nacieron otras devociones marianas totalmente desvinculadas del tiempo litúrgico. He aquí por qué el Vaticano ll, en su Constitución sobre la Iglesia (nº. 67), nos exhorta así:
«Que todos los hijos de la Iglesia fomenten, pues, el culto sobre todo litúrgico, para con la Bienaventurada Virgen, estimen grandemente las prácticas y ejercicios de piedad para con Ella, recomendados en eltranscurso de los siglos por el Magisterio». Y añade en otra parte: «Las diversas formas de piedad para con la Madre de Dios que la Iglesia ha aprobado... hacen que mientras se honra a la Madre, el Hijo... sea debidamente conocido, amado, glorificado y sean guardados sus mandamientos».
Nuestro propósito es, pues, facilitar el cumplimiento de estas normas conciliares ofreciendo lecturas, plegariasy cantos que permitan a la vez convertir en realidad, durante ese «espacio y tiempo» de Adviento, la aspiración de tantas almas: «A Jesús por María».
«El camino más corto, escribe L. Barandiaran para llegar al corazón de un hijo, es siempre, el corazón de una madre.
La recomendación de una madre: suprime las antesalas interminables en la puerta del hijo Ministro. Obtiene para su pueblomás favores que una Cámara completa de Diputados.
Para Jesús, como para todos los hijos, cada petición de la Madre: es una oportunidad actual de corresponder a los esfuerzos pasados de la Madre.
Si Cristo es «Camino» hacia el Padre, María es «Atajo» hacia Cristo.
Con María...
Por Cristo...
Al Padre.
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NOVENA A LA INMACULADA EN ADVIENTO
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