Obra la muerte del canario

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La Muerte del Canario

Horacio Quiroga

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LA MUERTE DEL CANARIO
Horacio Quiroga
Rubia, un poco delgada -no mucho- las mejillas arrebatadas en un rojo vivo de camelia, la alegría de Blanca era el encanto de la casa. Sus carcajadas, que habían conservado de la niñez ese ligero timbre de cristal que tiene la voz de las muñecas, eran siempre inopinadas; la madre hacíaseveras señas y el padre perdonaba sonriendo. Quince años. De niña había sido enferma. Sólo Dios sabe lo que habían sufrido los padres, los pobres padres que velaron cuarenta noches seguidas, con los ojos rojizos. Una enfermedad caprichosa para la cual el mismo médico era torpe en su diagnóstico. Y así transcurrieron los cuarenta días de martirio, con inefables esperanzas a veces, agravamientossúbitos en otras horas, como aquellos del infausto 12 de setiembre, cuando Blanca hubo de morir. Pero salvó, y ya crecida no se presentaron las perturbaciones que temía el médico. Es así como Blanca llenaba toda la casa con su voz poderosa de señorita plena de salud. Ahora bien, Blanca tenía novio. ¡Oh, no hay que enorgullecerse de haberlo adivinado! ¿Por qué, si no, aquellas risas súbitas que laechaban en brazos de su mamá, besándola cinco minutos seguidos? ¿Y aquellas tristezas que sus padres no veían, pero que eran bien ciertas, puesto que ella misma me las contó? Pero no hay que pensar en el nombre del afortunado doncel; diré solamente que era alegre, muy alegre, vistoso como el manto de los príncipes, y pequeño, tan pequeño que todo el mundo hubiera reído conociéndolo. Era... era...diré de una vez: era un pájaro, sí, mis señores, un canario, un canario de lo más impertinente que se puede dar. Figuraos que enamoraba a Blanca cantando, y cantaba aturdidamente, y la miraba, y se colocaba de perfil, e hinchaba la garganta, y piaba dulcemente, todo como un gran seductor, el lindo vanidoso. ¡Ay! Blanca se enamoró de él. ¡Pobre primo Felipe que tenía que perder toda esperanza! Noreneguéis sin embargo de Blanca, porque la niña bien inocente era. ¿Cómo es posible vivir con el corazón tranquilo cuando oímos que una persona canta para halagarnos? Sí, persona, porque nadie hubiera podido convencer a Blanca, a pesar de sus quince años, de que los canarios no fueran personas. Además, ella sabía que en el teatro los tenores cantan siempre para las señoritas, y los tenores son tanbellos que hacen ciertamente llorar cuando mueren; ¡y tan enamorados!... Así pues, como el canario era tenor y la niña lo oía siempre, un amor sin límites los cobijó en un íntimo secreto. El canario guardaba para Blanca sus más puros trinos; la niña guardaba para el canario la más fresca hoja de lechuga. El tenorcito se desvelaba a veces esperando que las visitas se fueran para saludarla a solas;entonces batía las alas, se alzaba en sus patitas, inclinaba airosamente la cabeza y cantaba. ¡Oh! el pícaro seductor, ¡qué bien conocía a la niña! Ella, en efecto, transportada de amor, apoyaba los labios en la jaula; y la hermosa boca y el piquito rosado se juntaban, se suspendían en el tiempo, deliciosamente. Luego se apartaban, y el canario quedaba largo rato trémulo, latiendo apresurado sucorazoncito. En verdad, en verdad es preciso decirlo: era demasiada ternura para una avecilla. El amor de Blanca le abrasaba, sus lindos ojos eran asaz pequeños para desahogar su emoción

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La Muerte del Canario

Horacio Quiroga

llorando. Cantaba tristemente para advertir a Blanca cómo la alegría de sus amores le era fatal; y la niña, oyéndose llamar, acudía de nuevo, y el pobrepiquito rosado se abismaba otra vez en la ardorosa boca de su amor, ¡pobre pequeño enamorado! Así fue como un día murió, abatido de muchos días atrás, el novio de Blanca. Relatar el desconsuelo de ésta es imposible. Ni caricias, ni promesas de viaje, nada pudo distraerla de su dolor. -Vamos, mi hija -concluía por decirle gravemente su madre-, sé un poco más sensata, que ya no eres una criatura....
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