Obras de marcio veloz maggiolo

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fértil agonía del amor | |
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|Emilia me miraba de reojo, y con sus grandes silencios me envolvía como en una atmósfera de polvo y nubes densas. Entonces el |
|sudor me chorreaba por las caderas, y debajo de mi impecable traje de gabardina a rayas percibía elcosquilleo de las gotas, |
|rodando, asustadas, y ahogándome en una humedad casi de río revuelto, de arroyo en penumbras, de sombría catarata cuyo origen no|
|era sino el deseo. |
|Hube de sentarme muchas veces en mi escritorio de funcionario cabal para admirar su perfil, sus piernascarnosas y rectas a la |
|vez, sus muslos azules, o verdes –no sé-, que imaginaba como cubiertos de un barniz brillante y transparente. Pero lo que más me|
|enervaba era sentir su respiración cargada de jadeos cerca de mis oídos, cuando me traía, con manos temblorosas, los oficios, |
|las cartas, toda aquella montaña de papel que preparaba cotidianamente para que yo firmase con una paciencia decartógrafo, y |
|con indudable mirada de burócrata que debía olvidarse del amor por la mujer del compañero. |
|Estaban separados desde hacia largas semanas; no se por que en ese momento pensé en la pobreza de su matrimonio, en su agrio |
|sentido de la realidad. Me vi de pronto atraído por sus grandes ojos color ciruela y por una boca que, sin sercarnosa, tenía |
|justos los límites de almendra madura que tienen las bocas que emergen desde las novelas de las revistas de moda. Desde que miré|
|con interés sus manos largas y coloreadas con uñas perfectamente esculpidas, pensé en caricias, en informales besos, en |
|madrugadas furtivas. Pero todo ese mundo imaginario se reducía a un silencio que se congelaba cuando había la oportunidadde |
|expresarle una frase galante, un piropo; esperaba la "coyuntura", como dicen los políticos de izquierda, pero cuando esta |
|aparecía, mis instintos reculaban, l1enándome de un deseo insatisfecho que me hacía agonizar cada mañana, en los momentos en que|
|sentía el ruido de sus dedos sobre el teclado y el ruido de sus palabras confusas y abigarradas agolpándose en mi oído, en mi|
|imposibilidad de siquiera tocar una de sus manos. |
|El deseo se fue haciendo obsesivo. No podía concentrar mi actividad. Las llamadas no tenían sentido si junto al teléfono no |
|estaba Emilia. (Me miraba con ojos terriblemente ansiosos. Yo que iba a decirle: era en verdad mi jefe; tan impecable, tan ||vestido siempre de azul; con esa inteligencia que atrae el amor de las mujeres como si el hombre fuese miel y el amor abejas |
|girando. Yo repetía su nombre por las noches... Gabriel, Gabriel, y sabiendo que traicionaba la memoria de Juan, lo hacía. |
|Cuando me acercaba con las manos llenas de papeles para indicarle donde debía firmar los formularios de capias azules o rasadas,||pensaba que su timidez lo llevaría al descalabro. ¿Pero y la mía? Muchas veces, antes de mi separación de Juan, pensé en darle |
|un beso, así de repente. |
|¿Pero cómo reaccionaría un hambre circunspecto y tan formal? Sabía perfectamente que su mirada no era la de un amigo. Además –y |
|estoes importante- sus mejillas se sonrojaban can frecuencia, y yo, como mujer que he sentido el amor y que he visto tantas |
|mejillas sonrojadas, sabía que él deseo le llenaba los sentidos). |
|Aquella mañana llegué temprano. Emilia llevaba zapatillas doradas, no precisamente las que debieran usarse en las oficinas. Miré|
|su...
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