Poemas a juarez

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Juan de Dios Peza (México 1852-1910) en su poema “A Juárez”:

Por su indígena raza, firme, austero;

por su oscuro nacer, del pueblo hermano;

la tez de bronce, el corazón de acero

griego el pensar y el alma de romano.

El alma de Catón, el gran civismo

de Leónidas y el Agis, la justicia,

de Temístocles, todo el patriotismo,

de Licurgo, el saber y la pericia.

La lucha eraterrible; usos y leyes

íbanse a derrocar; el antro oscuro,

nido de encomenderos y virreyes,

iba a crujir con su imponente muro.

Y en medio del tumulto y la matanza,

siendo el derecho su sagrada norma,

su fe renueva, aviva su esperanza,

mata el fuero y cimienta la Reforma.

La muerte, al arroparlo

en negro manto,

le arrebató de la familia humana,

pero su nombre ha devivir en tanto

haya un palmo de tierra mexicana.

Fue el plebeyo humillado a la nobleza;

fue el derecho

imponiéndose a la historia;

donde acaba el hombre,

el inmortal empieza;

su fama universal se llama gloria.
P
oema recitado por el señor don Luis G. Urbina en el acto de la inauguración del monumento a Benito Juárez, el 18 de septiembre de 1910

Arenga lírica a JuárezY fue del seno de la noche obscura
de una raza infeliz heroica y triste,
del que brotó serena tu figura.
No, efímero relámpago, prendiste,
por un instante, el horizonte, el fuego
de un sideral y lívido amatiste;
no relumbraste en la tiniebla, y luego,
extinto tu fulgor, quedóse el mundo
más hirviente de sombras y más ciego.
No, Señor; fue tu brillo, en lo profundo
de la terrible noche dela raza
hundida en un sopor meditabundo,
perenne antorcha que el pavor rechaza;
final insomne que a los vientos reta;
astro que resplandece y amenaza.
He aquí por qué la multitud inquieta
agítase; y estamos frente a frente
tú la inmortalidad, y yo, el poeta.
Inmenso y grave tú; yo, reverente
y humilde; tú, marmorizado ensueño;
yo, voz que canta y átomo que siente.
He aquí llegar conreligiosos empeño
a ti —lo grande, el símbolo que dura—
al hombre —lo que pasa, lo pequeño—.
Pero al pasar su pequeñez, depura
la vida; y de tu carne, ayer morena,
hace hoy, por fin, escultural blancura.
Más no se alza tu imagen tan serena,
ni tan radiante está de lo que entonces
fue en medio a la tenaz lucha terrena.
La puerta del no ser giró en sus gonces
y entraste tú, llevando hasta lamuerte
el color y la fuerza de los bronces.
Y así, Señor, quisiste engrandecerte,
y penetrar severo en el combate;
y así morir en él, tranquilo y fuerte.
Late, soberbio mármol, late, late,
cual si tuvieses corazón; te lleva
el pueblo en su alma como a dios penante;
y tu memoria, en cada hogar, renueva
la gran veneración por el que pudo
surgir del negro fondo de la gleba,
por el que fueuna voz del triste y mundo
genio del conquistado que aun se asombra
con la feral visión del férreo escudo,
y por aquel que el indio llama y nombra
cuando quiere mirar, como Tobías
á un ángel blanco en medio de la sombra.
Tramontaron los soles de tus días
penosos, y el Derecho, tu bandera,
ampara nuestras dulces alegrías.
El azul de tu cielo reverbera
con flamante esplendor, con elanhelo
de dar al aire luz de primavera,
oro y diafanidad, para que el vuelo
de las almas se bañe en la infinita
claridad milagrosa de tu cielo.
Todo florece en paz —la paz bendita;
la paloma del arca que atraviesa
la nube, y la esperanza resucita—
Brilla tu monumento en la turquesa
del fulgor matinal, y hasta el ramaje
parece que se inclina y que te besa.
En ti reposarán, tras de su viajeazul, las golondrinas bulliciosas,
sacudiéndose el polvo del plumaje.
Hasta ti llegarán las mariposas.
y te enviarán perfumes en el viento
los rojos incensarios de las rosas.
Vela en la majestad del monumento,
gran héroe de la ley, como en la vida;
recogido en un noble pensamiento.
Del bloque mismo en el que fue esculpida
tu imagen, evocaron los cinceles
el simbólico grupo que te cuida....
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