Princesa

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  • Publicado : 9 de mayo de 2011
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Podríamos definir la historia de las mentalidades simplemente como la historia del acto de pensar, siempre que entendamos por pensar la manera que el ego tiene de percibir, crear y reaccionar frente al mundo circundante. No es pues la historia del pensamiento, ni de la cultura, por lo menos como se han entendido hasta hoy. Aunque nos disguste pretenderlo las palabras anteriores resultan unadefinición, como tal —y de común ocurrencia en estos casos— no encierra toda la profundidad ni las dimensiones del objeto definido. Quisiéramos ser más explícitos y más amplios y a ello dedicaremos gran parte de las páginas que siguen.
Las palabras “mente” y “mentalidad” provienen del latín, pero han vivido una larga y apasionante aventura hasta llegar a ser aceptadas, usadas y comprendidas por lageneralidad de los parlantes del mundo occidental. Actualmente, en efecto, cualquiera persona la usa en una conversación corriente para referirse a algo parecido a la preocupación de la historia de las mentalidades y más o menos lo mismo que expresa en su definición el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia, que al respecto dice: “Capacidad, actividad mental. Cultura y modo de pensarque caracteriza a una persona, a un pueblo, a una generación, etc.”.
En el ámbito humanístico y científico, en cambio, su uso es más cuidadoso y tímido en un principio. La palabra “mentalidad” es primeramente empleada por los filósofos ingleses —especialmente del siglo XVII— para designar la cualidad de la siquis. Más tarde el iluminismo ilustrado encuentra en ella, a través de Voltaire ensu Ensayo sobre las costumbres y el espíritu de las naciones de 1745, un uso más cercano a las reacciones pensantes de la sociedad. Pero recién la expresión completa su riqueza relativizante por el año 1900, con Marcel Proust, cuando escribe: “Mentalidad me gusta. Es como esas palabras nuevas que se lanzan”. (Citado por Le Goff, 1974, Pág. 76). El autor deEn busca del tiempo perdido, la utiliza paradesignar un cierto estado sicológico, entre morboso y expectante, detenido en la penumbra de lo normal y de lo excéntrico, inmovilizado por la fuerza del acontecer, fatalmente histórico, simple y lógico.
La tonalidad compleja y especial que le dio Proust a la expresión “mentalidad” siguió rondando largo tiempo entre investigadores y escritores de principios del presente siglo. No tuvo mucha suerte ensicología. En las ciencias humanas, fue Lucien Lévy-Bruhl quien la empleó primeramente para definir algo concreto, en su obra La mentalité primitive (1922). Su objeto, es importante hacerlo notar, no fue la realidad actual, ni el comportamiento sicológico mayoritario de la sociedad. Por algún tiempo esta tendencia parece haber marcado la tónica de los estudios sobre mentalidades. En efecto,examinando incluso a los autores considerados como los primeros teóricos de la historia de las mentalidades, Lucien Febvre (1938), Georges Duby (1961) y Robert Mandrou (1968), descubrimos que se preocupan por situaciones que podríamos considerar excéntricas del acontecer humano, por lo menos como lo expresa la historia tradicional. Sus grandes temas fueron las crisis de todo orden, las epidemias, lamuerte, el milenarismo, las visiones pervertidas del mundo, fobias sociales, etc. Es claro, como suele suceder en la dinámica del desarrollo científico, a poco andar, nos dimos cuenta, por una parte, que aquellas cuestiones excéntricas constituían gran parte de las vías e indicadores para descubrir los ejes centrales del andamiaje de la historia, por otra, que la riqueza de sus posibilidades ibainvadiendo los modos de comprensión del pasado.
Actualmente la historia de las mentalidades tiende un puente entre la historia como ciencia y las demás expresiones de las ciencias humanas, además es un nuevo camino —ya que los que existían parecen borrados desde hace tiempo— que la unen de otro modo con la filosofía. Sea como fuere, ante una historia tradicional de corte clásico o positivista,...
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