Principio crueldad

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El principio de Crueldad Clément Rosset
Quizá no sea Clément Rosset el filósofo más influyente de la actual escena filosófica francesa, pero sí –justamente por ello– el más libre de todos y, en consecuencia, el más apto para llevar a cabo una empresa que la filosofía, salvo en muy raras ocasiones, ha sabido ignorar convenientemente o, en su caso, negar y maldecir: la aprobación de lo real.Filósofo del azar y del artificio, alejado siempre de las modernas tentativas por renovar algún viejo anhelo metafísico, naturalista o antropológico, apartado asimismo de los redoblados esfuerzos que supone todo intento encaminado a instaurar algún nuevo ídolo, lo que viene a ser idéntico de cara a la simple y pura negación de lo real, me temo que es su proverbial anestesia moral y su asombrosaserenidad expresiva, así como su innegable parentesco filosófico con Heráclito y los sofistas, con Lucrecio, con Montaigne, con Spinoza, con Hume y, sobre todo, con Nietzche, lo que ha impedido en buena medida que su nombre fuese utilizado por alguna de las más representativas corrientes filosóficas de la actualidad, digna de la más alta consideración, tanto por su calidad como por su cantidad, fueseapreciada como en justicia se merece.
Nota introductora a la traducción española
En Astérix en Hispanie, unos gitanos propones a Astérix y Obélix unirse a su baile nocturno: “¡Póngase alrededor del fuego, que nos vamos a montar una juerga! ¡Lo vamos a pasar bien!” Y, acto seguido, el cantaor entona un estribillo tan poco alegre como poco divertido: “Ay, ¡qué desgracia haber nacido! Ay, mare mía,¿por qué me has hecho eso?” La afirmación de la vida pasa sin transición a una reivindicación de la muerte; lo mismo, pero sin sentido inverso, que el “Vamos a trabajar” con el que Sandoz, en la última línea de La obra de Zola, responde a la constatación trágica de Claude Lantier, varias páginas más arriba: “No hay nada… (…) Cuando la Tierra dé un chasquido en el espacio como una nuez seca, nuestrasobras no añadirán un átomo a su polvo”.
Así, los autores de Astérix en Hispanie – Goscinny y Uderzo – han captado instintivamente ese profundo vínculo que, en el folklore español, es decir, en las raíces profundas de España, une la alegría de vivir al sentimiento trágico de la vida. En particular, aquí están pensando en el folklore andaluz, en el flamenco y en su cante jondo. Pero igualmentepodrían haber pensado en el conjunto del folklore español, sobre todo en el que gira sobre la jota aragonesa – jota que, a mi modo de ver, expresa con tanta fuerza, si no más, ese misterioso y esencial vínculo que relaciona la verdadera alegría de vivir con un conocimiento íntimo y constante de la muerte – Que la intensidad de la alegría sea directamente proporcional a la crueldad del saber es, sinduda, una verdad de carácter general. No obstante, me es grato subrayar aquí que esa verdad encuentra en España un campo de expresión privilegiado, y confesar también que fue justamente en España donde tuve la ocasión, hace más de cuarenta años, de comprobar por vez primera su profundidad y su alcance. Si la alegría nunca es vulgar en España, como escribe Ronald Manuel en el opúsculo que dedicó aManuel de Falla, es precisamente porque siempre viene acompañada por el brillo que le da a contrario el sentimiento cruel de lo irrisorio propio de toda existencia, lo que la pone al abrigo de toda ilusión, así como de toda complacencia o compromiso. Exaltando la alegría de vivir, no olvida que ésta, tal y como lo sugería Bichat, nunca será más que una resistencia milagrosa a la muerte. Ahí resideel secreto de su fuera y de su elegancia.
C.R.
Galilea, 5 de septiembre de 1993

El principio de crueldad
Introducción
Reflexionando sobre esta cuestión, me he preguntado si se podría poner de manifiesto un cierto número de principios que rigen esta “ética de la crueldad” –ética cuyo respeto o falta de respeto califica o descalifica, a mi modo de ver, toda obra filosófica– Y me ha...
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