¿Que hacemos mal

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  • Publicado : 16 de enero de 2011
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¿Qué estamos haciendo mal?

Era un miércoles gris. Me encontraba esperando el bus de la universidad en la esquina de una gasolinera. No llevaba conmigo demasiadas cosas, excepto un cuaderno y una pequeña bolsa en la que llevaba mi cámara digital. Me dirigí a comprar una botella de agua en la tienda de la gasolinera, pero me quedé más tiempo de lo que creí. Ocupé una de las mesas en frente delas ventanas. Tomé mi cámara, dispuesto a tomar una fotografía de una planta que capturó mi atención, pero el lente de mi cámara captó algo más: vi a través del lente a dos niños en la calle; corrían de un lado a otro, camuflándose entre los automóviles que pasaban por ahí a grandes velocidades, que únicamente se detenían ante el rojo siniestro del semáforo. Salí de la tienda, con intenciones deesperar el bus, el cual demoró más de lo acostumbrado, pero gracias a eso encontré la fuente de inspiración para escribir estas líneas.
Los niños de los que hablo eran delgados, de baja estatura, lánguidos, con la piel quemada por los abrasadores rayos del sol. Me pude dar cuenta fácilmente por su tono de piel, que pasaban horas bajo el sol corriendo descalzos en la calle. No puedo concebir cómopueden mantener sus pies desnudos durante horas sin sentir malestar alguno o al menos no dan indicios de sentirlo. Cada vez que el semáforo se ponía en rojo, corrían a beber de un líquido amarillento, sosteniendo en sus manos una estaca de madera grande con un pañuelo que al quemarlo servía de antorcha. Segundos después me di cuenta que el agua amarilla, en realidad era gas.
Los niños escupíanfuego. Tomaban sorbos de gas, encendían el pañuelo de la estaca, y escupían el gas que sostenían en la boca, provocando que la llama en la punta de la antorcha que habían improvisado, se extendiera. Antes que el semáforo cambiara le daban fin al número acrobático, acto seguido, pedían al publico que se encontraba dentro de sus automóviles, una colaboración. Naturalmente no todos pagaban y los que lohacían, daban cantidades mínimas que iban de uno a dos lempiras. Vi cómo una señora subió el vidrio de su auto cuando uno de los jovencitos se acercó a reclamar la cuota del mísero espectáculo que ofrecía. Además de no llevar camisa puesta, estaban descalzos y el pantaloncillo que portaban estaba desgastado, con los parches amontonados uno sobre otro. Cuando los tuve cerca pude ver sus rostrossucios y sufridos; las costillas en sus abdómenes se dibujaban claramente como garabatos de un preescolar; sus pies estaban llagados y lastimados, trazados por múltiples heridas. Uno de ellos se acercó y me preguntó si esperaba a alguien. Asentí con un gesto algo inerte y comenzó nuestra conversación:
-¿Le dejaron de tarea sacar fotos?- me cuestionó.
-No. Quería tomar unas fotografías, pero noencontré nada interesante. ¿Vas a la escuela?
-Sí en la mañana, por las tardes trabajo aquí escupiendo fuego, pero no se gana mucho. Por ejemplo hoy no hemos ganado nada y tenemos que pagarle al muchacho de la gasolinera por el gas. ¿Se me nota que tengo el labio quemado?
-Sí, estás sangrando de tu labio inferior, pero no es mucho. Lo tenés algo hinchado y se ve algo enrojecido.
-Hace poco,cuando lo estaba escupiendo, tenía gas en los labios y una de las llamas me alcanzó. Me ardió mucho. Ahora me arde menos.
-No deberías trabajar así- le dije- te exponés demasiado.

Evadió mi argumento y sacó, de una bolsa que cargaba, la mitad de una hamburguesa la que compartió con su compañero de labores. Comían vorazmente de aquella merienda que seguramente les había costado dos días de trabajo.Se hacía bromas el uno al otro, pero reían poco por la distracción que el hambre les provocaba. El bus de la universidad llegó. ¿Y yo qué hice? NADA. No fui capaz de comprarles un almuerzo en la tienda de la gasolinera, o darles dinero para ayudarles a mitigar de alguna forma su pobreza. Me enojé conmigo mismo. Mi conciencia hizo una rabieta y la pregunta más inverosímil surgió: ¿Qué hacemos...
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