Reseña

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AFORTUNADA

ALICE SEBOLD

NOTA DE LA AUTORA

Por respeto a su intimidad, he cambiado los nombres de algunas de las personas que aparecen en estas páginas.

En el túnel donde me violaron, un túnel que había sido una entrada subterránea a un anfiteatro, un lugar por el que los actores salían repentinamente de debajo de los asientos del público, una chica había sido asesinada ydescuartizada. La policía me contó su caso. A su lado, me dijeron, yo había sido afortunada.
Sin embargo, en aquel momento me pareció que tenía más en común con la chica asesinada que con los corpulentos y fornidos agentes de policía o con mis perplejas amigas de la universidad. La chica asesinada y yo habíamos estado en el mismo lugar subterráneo. Habíamos yacido entre hojas muertas ybotellas de cerveza rotas.
Durante la violación vi algo entre las hojas y los cristales. Un lazo rosa para el pelo. Cuando me hablaron de la chica asesinada, me la imaginé suplicando como había hecho yo, y me pregunté cómo se le había desprendido el lazo del pelo. Tal vez se lo había arrancado su asesino o quizá ella misma se había soltado el pelo para ahorrarse el dolor, creyendo, esperando sinduda poder permitirse más tarde reflexionar sobre las consecuencias de «ayudar al agresor». Nunca lo sabré, del mismo modo que nunca sabré si era suyo el lazo, o si, como las hojas, se había abierto camino hasta allí de forma natural. Siempre pensaré en ella cuando me acuerde del lazo rosa. Pensaré en esa chica en los últimos momentos de su vida.

1

Esto es lo que recuerdo. Tenía loslabios cortados. Me los mordí cuando él me cogió por detrás y me tapó la boca. Dijo estas palabras: «Si gritas te mataré». Me quedé inmóvil. «¿Lo entiendes? Si gritas date por muerta.» Asentí con la cabeza. Me sujetaba los brazos a los costados rodeándolos con el brazo derecho mientras con el izquierdo me tapaba la boca.
Me quitó la mano de la boca.
Grité. Rápida, bruscamente.Empezó el forcejeo.
Volvió a taparme la boca. Me dio un rodillazo en las piernas por detrás para tirarme al suelo.
—No lo has entendido, zorra. Te mataré. Tengo un cuchillo. Te mataré.
Volvió a quitarme la mano de la boca y caí gritando al sendero de ladrillos. Se sentó a horcajadas sobre mí después de darme una patada en el costado. Hice ruidos que apenas se oyeron, comopisadas suaves. Lo incitaron a seguir, le sirvieron para justificar su comportamiento. Me moví con dificultad por el camino. Llevaba mocasines de suela blanda con los que, frenética, traté de darle patadas. No lo alcancé o sólo lo rocé. Yo nunca había peleado antes, siempre era la última en la clase de gimnasia.
De alguna manera, no recuerdo cómo, volví a ponerme de pie. Recuerdo que le mordí,lo empujé, no sé qué más le hice. Luego eché a correr. Como un gigante que es pura fuerza, él me agarró por el extremo de mi larga melena castaña. Tiró de ella con fuerza y me hizo caer de rodillas delante de él. Fue mi primer intento de fuga fallido, a causa del pelo, del pelo largo de mujer.
—Tú te lo has buscado —dijo él, y yo empecé a suplicarle.
Se metió una mano en el bolsillotrasero y sacó un cuchillo. Yo seguí forcejeando; sentía cómo se me arrancaba dolorosamente el pelo del cuero cabelludo mientras hacía lo posible por zafarme. Me abalancé hacia él y le sujeté la pierna izquierda con los brazos, haciéndole perder el equilibrio y tambalearse. Yo no lo sabría hasta que la policía lo encontró más tarde en la hierba, a unos palmos de mis gafas rotas, pero con aquelmovimiento se le cayó el cuchillo de las manos y lo perdió.
Entonces utilizó los puños.
Tal vez estaba furioso por haber perdido su arma o porque yo no le obedecía. Fuera cual fuese la razón, aquello significó el final de los preámbulos. Yo estaba boca abajo en el suelo y él se sentó sobre mi espalda. Me golpeó la cabeza contra los ladrillos. Me maldijo. Me dio la vuelta y se sentó...
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