Roger zelazny

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Roger Zelazny
Los Nueve Príncipes de Ámbar
Serie Ámbar I

FUTURÓPOLIS Miraguano

Los Nueve Príncipes de Ámbar
Serie Ámbar I Roger Zelazny
Título original: Nine princes in Amber

© 1970 by Roger Zelazny Colección dirigida por Francisco Arellano Traducción: Elías Sarhan © 1988 Miraguano, S. A. Ediciones. Colección Futurópolis nº 4. I.S.B.N.: 84—7813—000—4 Depósito legal: M. 9.185—1988Edición digital de Elfowar y revisado por Umbriel. Junio de 2002.

2

I
Después de lo que me pareció una eternidad, todo llegaba a su conclusión. Intenté mover los pies, y lo conseguí. Me encontraba tendido en una cama de hospital, con las piernas escayoladas; pero al menos seguían siendo mías. Cerré los ojos y los volví a abrir tres veces. La habitación comenzó a estabilizarse. ¿Dóndedemonios me encontraba? Entonces lentamente empezó a desaparecer la niebla, y parte de aquello que llamamos memoria volvió a mí. Recordé noches y enfermeras y agujas. Entonces, cada vez que las cosas parecían aclararse un poco, venía alguien y me inyectaba algo. Así había sido. Sí. Aunque ya me iba sintiendo ligeramente bien. Tendrían que detenerse. ¿Lo harían? Me asaltó este pensamiento: Quizá no. Partedel escepticismo de toda motivación humana me alcanzó y se alojó en mi pecho. Repentinamente, supe que me habían estado drogando. Tal como lo veía, no había existido ninguna razón para ello; y no había ninguna razón para que se detuvieran si fueron pagados para hacerlo. Trata de jugar fríamente y permanecer dopado, dijo una voz en mi interior, que no era lo mejor de mí mismo, pero sí lo mássabio. Así lo hice. Diez minutos después, una enfermera asomó la cabeza por la puerta y yo estaba, por supuesto, durmiendo. Se marchó. Durante ese tiempo, conseguí reconstruir en parte lo sucedido. Recordé vagamente que había tenido una especie de accidente. Lo ocurrido después de aquello era una sucesión de imágenes borrosas; de lo que pudiera haber pasado antes no tenía la más mínima idea. Peroprimero, así lo recordaba, había estado en un hospital, para ser trasladado después a este sitio. ¿Por qué? No lo sabía. De cualquier modo, las piernas estaban bastante bien. Lo suficiente como para sostenerme, aunque no sabía cuánto tiempo había transcurrido desde que se rompieran... sabía que se habían roto. Me senté. Me costó un verdadero esfuerzo, ya que mis músculos estaban entumecidos. Afueraestaba oscuro, y un puñado de estrellas brillaba intensamente más allá de la ventana. Parpadeé al mirarlas y saqué las piernas por el borde de la cama. Me sentí mareado, pero después de un tiempo aquello pasó, y me levanté, agarrándome a la cama, y di el primer paso. Perfecto. Las piernas me sostenían. Teóricamente me encontraba en condiciones de dar un paseo. Regresé a la cama, me tumbé, y pensé.Estaba sudando y temblaba. Visiones de dulces ciruelas, etc... Algo huele a podrido en Dinamarca... Recordé que había sido un accidente de automóvil. Y bastante serio...

3

Se abrió la puerta, dejando entrar la luz, y, con los ojos entornados, vi a una enfermera con una hipodérmica en la mano. Se aproximó a la cama; era un chica de caderas anchas, cabello oscuro y grandes brazos. Cuando seacercó a mí, me senté. —Buenas noches —le dije. —¡Oh!... Buenas noches —replicó. —¿Cuándo me marcho? —pregunté. —Tendré que preguntárselo al doctor. —Hágalo —dije. —Por favor, levántese la manga. —No, gracias. —Tengo que ponerle una inyección. —No, no tiene por qué hacerlo. No la necesito. —Me temo que eso tiene que decidirlo el doctor. —Dígale que venga y que decida. Mientras tanto, no loconsentiré. —Tengo mis órdenes. —También las tenía Eichmann, y mire lo que le ocurrió —y negué lentamente con la cabeza. —Muy bien —dijo ella—. Tendré que informar de esto... —Hágalo, por favor —insistí—, y, de paso, diga que he decidido marcharme por la mañana. —Eso es imposible. Ni siquiera puede caminar... Además, tuvo lesiones internas. —Ya veremos —dije—. Buenas noches. Se marchó sin contestar. Volví...
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