Rsumen compuerta n 12

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  • Publicado : 28 de abril de 2010
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La compuerta número 12
[Cuento. Texto completo]
Baldomero Lillo | |
|Pablo se aferró instintivamente a las piernas de su padre. Zumbábanle los oídos y el piso que huía debajo de sus pies le producía una|
|extraña sensación de angustia. Creíase precipitado en aquel agujero cuya negra abertura había entrevisto al penetrar en la jaula, y |
|sus grandes ojos miraban con espanto las lóbregasparedes del pozo en el que se hundían con vertiginosa rapidez. En aquel silencioso |
|descenso sin trepidación ni más ruido que el del agua goteando sobre la techumbre de hierro las luces de las lámparas parecían |
|prontas a extinguirse y a sus débiles destellos se delineaban vagamente en la penumbra las hendiduras y partes salientes de la roca; |
|una serie interminable de negras sombrasque volaban como saetas hacia lo alto. |
|Pasado un minuto, la velocidad disminuyó bruscamente, los pies asentáronse con más solidez en el piso fugitivo y el pesado armazón de|
|hierro, con un áspero rechinar de goznes y de cadenas, quedó inmóvil a la entrada de la galería. |
|El viejo tomó de la mano alpequeño y juntos se internaron en el negro túnel. Eran de los primeros en llegar y el movimiento de la |
|mina no empezaba aún. De la galería bastante alta para permitir al minero erguir su elevada talla, sólo se distinguía parte de la |
|techumbre cruzada por gruesos maderos. Las paredes laterales permanecían invisibles en la oscuridad profunda que llenaba la vasta y |
|lóbrega excavación.|
|A cuarenta metros del pique se detuvieron ante una especie de gruta excavada en la roca. Del techo agrietado, de color de hollín, |
|colgaba un candil de hoja de lata cuyo macilento resplandor daba a la estancia la apariencia de una cripta enlutada y llena de |
|sombras.En el fondo, sentado delante de una mesa, un hombre pequeño, ya entrado en años, hacía anotaciones en un enorme registro. Su|
|negro traje hacía resaltar la palidez del rostro surcado por profundas arrugas. Al ruido de pasos levantó la cabeza y fijó una mirada|
|interrogadora en el viejo minero, quien avanzó con timidez, diciendo con voz llena de sumisión y de respeto: ||-Señor, aquí traigo el chico. |
|Los ojos penetrantes del capataz abarcaron de una ojeada el cuerpecillo endeble del muchacho. Sus delgados miembros y la infantil |
|inconsciencia del moreno rostro en el que brillaban dos ojos muy abiertos como de medrosa bestezuela, lo impresionaron|
|desfavorablemente, y su corazón endurecido por el espectáculo diario de tantas miserias, experimentó una piadosa sacudida a la vista |
|de aquel pequeñuelo arrancado de sus juegos infantiles y condenado, como tantas infelices criaturas, a languidecer miserablemente en |
|las humildes galerías, junto a las puertas de ventilación. Las duras líneas de su rostro se suavizaron y confingida aspereza le dijo|
|al viejo que muy inquieto por aquel examen fijaba en él una ansiosa mirada: |
|-¡Hombre! Este muchacho es todavía muy débil para el trabajo. ¿Es hijo tuyo? |
|-Sí, señor.|
|-Pues debías tener lástima de sus pocos años y antes de enterrarlo aquí enviarlo a la escuela por algún tiempo. |
|-Señor -balbuceó la voz ruda del minero en la que vibraba un acento de dolorosa súplica-. Somos seis en casa y uno solo el que |
|trabaja, Pablo cumplió ya los ocho años y debe ganar el pan que come y, como hijo de...
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