Simón y sus historias fantásticas: el robot

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  • Publicado : 23 de marzo de 2011
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—Simón, cuéntanos otra historia— había dicho Natalia Berttoti, una niña a la que le encantaba que el viejo sirviente le contara una historia.
Estaba sentado junto a la chimenea, soñando con su propio mundo de historias fantásticas. La voz de Natalia lo había hecho regresar de su sueño. Si algo le gustaba a Simón era eso, contar historias. Estaba a punto de comenzar cuando lo interrumpió ungrito.
— ¿No has acabado aún, Simón?— dijo la señora Berttoti—. Todo el día sentado en esa silla junto a la chimenea divagando. Natalia, cariño, debes entender que esas historias son solo eso, historias.
La señora Berttoti era una persona amargada, a la que le parecía que todo eso de la imaginación era un desperdicio del tiempo. Tenía dinero a montones, ya que su esposo trabajaba en una grancompañía, y pensaba que los sirvientes eran sólo objetos a los que podía mandar.
—De hecho, ya, ya acabé— respondió Simón muy tranquilo— y estaba a punto de contarle una historia a su hija así que, si me permite, comenzaré en este momento.
—Ésta es la historia de un robot— la pequeña Natalia se fue acercando lentamente a Simón. Se sentó debajo de la mecedora a un lado de la chimenea, adentrándose en elrelato que estaba a punto de contar— y una familia.
Era un día como cualquier otro. La señora de la casa estaba cocinando la cena. En el sótano, como siempre, se encontraba el señor Menzollini quien no había salido de aquel cuarto en casi dos días, excepto para ir a comer. Los niños Bruno y Emma, de once y nueve años respectivamente, descansaban en su cuarto después de un largo día de escuela.— ¡A cenar, a cenar!—gritaba Margaret. Bruno y Emma bajaron inmediatamente a la cocina— ¡Joe ¿Qué estás haciendo allá abajo? Ven a comer!
El señor Menzollini subió a la cocina y se sentó en la mesa para cenar. La cena de aquel día fue silenciosa, algo raro en esa casa ya que usualmente estaba llena de risas y gritos por doquier. Tal vez nadie tenía nada que contar, o tal vez era que todosestaban tan cansados que no podían ni hablar. Sea la razón que sea, cuando acabaron de cenar el señor Menzollini dijo:
—En una hora los espero en el sótano— y se marchó sin más.
El resto de la familia estaba muy confundida ¿para qué los quería ver en el sótano? Estaría de nuevo haciendo experimentos, así es, el señor Menzollini era, en su juventud, un inventor. Bueno, si se le puede decir así, ya queningún experimento le salía bien. Todos se fueron a sus respectivas habitaciones preguntándose qué habría en el sótano. Pasaron los minutos lentamente mientras la familia Menzollini esperaba que pasara el tiempo para ver lo que el señor Joe tenía en manos.
— ¡Corran, rápido! ¿Qué esperan? ¡Bajen! — Gritaba el señor Joe eufóricamente.
Los tres corrieron hacia el sótano. Cuando llegaron vieron alseñor Menzollini con un cubo en la mano ¿Para eso había sido tanto alboroto?
— ¿Qué es esa cosa?—dijo Emma
—Pues verán…—había empezado el señor Joe
— ¿Para qué sirve?— interrumpió Bruno más entusiasmado que los demás.
—Esto es lo más genial que verán en toda su vida—empezó Joe. De repente empezó a buscar alrededor del cubo algo, hasta que al fin, presionó un botón.
No sé cómo ni por qué,pero, el cubo empezó a transformarse en una persona, aunque no era una persona en lo más mínimo. Sus movimientos eran iguales a los de un humano. Tenía aspecto de un joven de, más o menos, quince años. Su piel era clara con unos ojos color avellana, su cabello era largo pero tenía un corte moderno que lo hacía parecer muy humano.
— ¿Qué es?— dijo Emma. Fue la primera en decir algo, ya que nadieparecía que tuviera intenciones de hablar.
—Bueno, esto podría decirse que es un robot, el más avanzado, responde al nombre de R01— dijo el señor Joe muy satisfecho de la reacción de su familia.
—Y ¿Qué hace?— preguntó la señora Margaret, que no le veía ni pies ni cabeza al invento de su marido.
—Todo tipo de cosas, lo inventé para ti, para que ayude en la casa, también lo diseñé para que...
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