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  • Publicado : 14 de febrero de 2011
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Rodrigo Montalvo Letellier, protagonista y narrador de su historia, comienza su relato en un arranque directo: “Antes de ir al psiquiatra yo era una persona feliz. Ahora soy disléxico, obsesivo, depresivo y tengo diemo a la muerte, o sea, miedo” (pág. 9). El último capítulo de su narración repite la misma presentación del primero y añade unas palabras que ratifican lo que había adelantado alprincipio, pues “sigo siendo parafásico, obsesivo y medianamente infeliz, aparte de tenerle un miedo atroz a la muerte” (pág. 198). En el medio se ha desarrollado la peripecia de este individuo urbano representativo de la clase media.

La ironía y la deformación caricaturesca de ciertos profesionales de la psique humana, a veces también la hipérbole, son los procedimientos elegidos para realzar elhumor de la novela y su intencionalidad satírica. En la gracia y el ingenio derramados en algunas situaciones radica lo mejor del texto. Entre otras, destacan la figura y el proceder del psiquiatra argentino que ahonda en las perturbaciones del protagonista, la conducta de su padre mirón, las apariciones de un exhibicionista y la rara condición de un gato que ladra. La parafasia del protagonista semanifiesta en la sucesión de juegos con las palabras, en la línea del ingenio verbal desplegado en algunas novelas de Millás, que van desde la alteración silábica o de fonemas en la morfología de una palabra (conversadores-conservadores) hasta su trastrueque en frases enteras y su mezcla en diálogos con superposición de la lengua española y la inglesa. Así, entre las disfunciones y el progresivodeterioro en el comportamiento del protagonista, víctima de unos especialistas de medio pelo, se traza la imagen en escorzo de nuestra sociedad urbana actual, con sus prejuicios, afanes y desvelos de felicidad que la convierten en carne de “psiquiatras, psicólogos y otros enfermos”.

:: Capitulo 1 - Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos
Hola. Me llamo Rodrigo. Rodrigo Montalvo Letellier.Antes de ir al psiquiatra yo era una persona feliz. Ahora soy disléxico, obsesivo, depresivo y tengo diemo a la muerte, o sea, miedo. En el psiquiatra he aprendido que la palabra felicidad es una convención que carece de sentido. He aprendido que el hecho de volver a ser feliz algún día no sólo es imposible, sino completamente imposible. Ahora me pregunto más cosas de las que me gustaría: sobre lamuerte y sobre la vida.

Vivo en un chalet adosado de la urbanización Parque Conde de Orgaz, cerca de la calle Arturo Soria, en Madrid. Estoy casado. Mi mujer se llama Patricia, pero todos la llamamos Pati. Tengo dos hijos, Marcos y Belén. Marcos tiene diez años y Belén seis. Por las noches, cuando Pati está ya metida en la cama esperándome, y mis hijos llevan más de dos horas durmiendo, me gustasalir al jardín y orinar en algún árbol o parterre. Por lo general, cuando esto ocurre, el gato de mis hijos, que, aparte de ser un animal esquizofrénico, conserva todavía algunos instintos, orina exactamente en el mismo lugar donde yo acabo de hacerlo.

El gato de mis hijos es un gato persa himalayo de un tamaño descomunal, y su principal peculiaridad es que en vez de maullar, ladra. Esto lodigo completamente en serio, aunque nadie me cree nunca. Ese gato, a diario, cuando llego a casa para comer y abro la puerta del garaje con el mando a distancia, me dirige su mirada cruzada desde lo alto de su columna (una de las columnas de ladrillos que delimitan la cancela exterior) y emite unas extrañas ventosidades con la boca, sonidos guturales muy secos y cortos, que si no fuera porqueprovienen de un gato, nadie dudaría en denominar ladridos.

El gato de mis hijos, o perro, o lo que sea, se llama Arnold, supongo que porque mis hijos pensaron que se parecía a su ídolo Arnold Szenchwaseger... o Schwasnezeger... o Schnegerwasze... bueno, no lo sé; hay nombres imposibles, sobre todo para un disléxico como yo. Arnold tiene el morro aplastado, como si hubiera tenido un choque frontal...
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