Thomas hobbes

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DE LA CONDICIÓN NATURAL DEL GENERO HUMANO, EN LO QUE CONCIERNE A SU
FELICIDAD Y MISERIA
La naturaleza ha hecho a los hombres tan iguales en sus facultades corporales y
mentales que, aunque pueda encontrarse a veces un hombre manifiestamente más fuerte de
cuerpo, o más rápido de mente que otro, aun así, cuando todo se toma en cuenta en conjunto,
la diferencia entre hombre y hombre no es lobastante considerable como para que uno de
ellos pueda reclamar para sí beneficio alguno que no pueda el otro pretender tanto como él.
Porque en lo que toca a la fuerza corporal, aun el más débil tiene fuerza suficiente para matar
al más fuerte, ya sea por maquinación secreta o por federación con otros que se encuentran en
el mismo peligro que él.
Y en lo que toca a las facultades mentales,(dejando aparte las artes fundadas sobre
palabras, y especialmente aquella capacidad de procedimiento por normas generales e
infalibles llamado ciencia, que muy pocos tienen, y para muy pocas cosas, no siendo una
facultad natural, nacida con nosotros, ni adquirida (como la prudencia) cuando buscamos
alguna otra cosa) encuentro mayor igualdad aún entre los hombres, que en el caso de la
fuerza.Pues la prudencia no es sino experiencia, que a igual tiempo se acuerda igualmente a
todos los hombres en aquellas cosas a que se aplican igualmente. Lo que quizá haga de una
tal igualdad algo increíble no es más que una vanidosa fe en la propia sabiduría, que casi todo
hombre cree poseer en mayor grado que el vulgo; esto es, que todo otro hombre salvo él
mismo, y unos pocos otros, a quienes,por causa de la fama, o por estar de acuerdo con ellos,
aprueba. Pues la naturaleza de los hombres es tal que, aunque puedan reconocer que muchos
otros son más vivos, o más elocuentes, o más instruidos, difícilmente creerán, sin embargo,
que haya muchos más sabios que ellos mismos: pues ven su propia inteligencia a mano, y lade otros hombres a distancia. Pero esto prueba que los hombres son enese punto iguales más
bien que desiguales. Pues generalmente no hay mejor signo de la igual distribución de alguna
cosa que el que cada hombre se contente con lo que le ha tocado.
De esta igualdad de capacidades surge la igualdad en la esperanza de alcanzar
nuestros fines. Y, por tanto sí hombres cualesquiera desean la misma cosa, que sin embargo,
no pueden ambos gozar devienen enemigos ; y ensu camino hacia su fin (que es
principalmente su propia conservación, a veces sólo su delectación) se esfuerzan mutuamente
en destruirse ó s subyugarse. Y viene así a ocurrir que, allí donde un invasor no tiene otra cosa
que temer que el simple poder de otro hombre, si alguien planta, siembra, construye, o posee
asiento adecuado, pueda esperarse de otros que vengan probablemente preparadoscon
fuerzas unidas para desposeerle y privarle no sólo del fruto de su trabajo, sino también de su
vida, o libertad. Y el invasor a su vez se encuentra en el mismo peligro frente a un tercero.
No hay para el hombre más forma razonable de guardarse de esta inseguridad mutua
que la anticipación; esto es, dominar, por fuerza o astucia, a tantos hombres como pueda hasta
el punto de no ver otropoder lo bastante grande como para ponerle en peligro. Y no es esto
más que lo que su propia conservación requiere, y lo generalmente admitido. También porque
habiendo algunos, que complaciéndose en contemplar su propio poder en los actos de
conquista, los llevan más lejos de lo que su seguridad requeriría, si otros, que de otra manera
se contentarían con permanecer tranquilos dentro de límitesmodestos, no incrementasen su
poder por medio de la invasión, no serían capaces de subsistir largo tiempo permaneciendo
sólo a la defensiva. Y, en consecuencia, siendo tal aumento del dominio sobre hombres
necesario para la conservación de un hombre, debiera serle permitido.
Por lo demás, los hombres no derivan placer alguno (sino antes bien, considerable
pesar) de estar juntos allí donde no...
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