Tokio hotel

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Mar de Historias
Ánimas del purgatorio ?.(`*•.¸ (`*•.¸ ¸.•*´) ¸.•*´)?
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Este barrio ha cambiado mucho. Sin piedad ni consideración, las autoridades demuelen las casas antiguas y aniquilan los jardines sin importarlesel destino de la gente y de los pájaros.
Todo lo destruyen de noche, con sigilo. Cada mañana, al despertarme, lo primero que hago es mirar por la ventana. Varias veces me ha sucedido que en el sitio en donde hasta horas antes había una construcción maravillosa sólo queda un hueco cercado de escombros. En mis pesadillas sueño que la colonia amanece convertida en una hondonada inmensa donde lasgrúas y las excavadoras parecen dinosaurios listos para atacarnos.
En estas condiciones es un milagro que siga existiendo el edificio en donde está La Gruta. El estanquillo ocupa un entrepiso. Una parte está al nivel de la calle y la otra hundida en el sótano. Para entrar hay que descender dos escalones. El sitio es pequeño, oscuro, de apariencia miserable. Una reja verde protege el mostrador y losanaqueles repletos de mercancías que ya no se consiguen en ninguna otra parte. Genoveva, la dueña de La Gruta, sale los domingos para comprarlas en pueblos y rancherías. Se va temprano y regresa ya tarde, doblegada bajo el peso de bolsas y costales.
La edad de Genoveva es uno de los misterios que la envuelven. Hay otros: ¿cómo puede ser tan fuerte una mujer tan pequeña y frágil? ¿Y los pies? ¿Aqué se debe que en el izquierdo tenga cuatro dedos y en el derecho siete? Juntos forman una aleta que no cabe en ningún calzado. En los baratillos, en donde abundan las mercancías desiguales, Genoveva compra sólo un zapato para el pie izquierdo. Apoya el derecho en un trozo de hule que se ata con cintas. Eso da a sus pisadas un tono extraño que despierta curiosidad y burlas. Me molesta, pero locomprendo.
Cuando yo era niña, al salir de la escuela, mis compañeros y yo corríamos a La Gruta. Con el pretexto de comprar golosinas nos quedábamos mirando el pie deforme de Genoveva. Después aquella anomalía dejó de llamarnos la atención y la tomamos como una de las rarezas que singularizaban a otros vecinos: don Tulio, con media cara cubierta por un vello rojizo que le confería aspecto de malvadocuando en el fondo era un pan de Dios; Leonora, con su doble joroba que resultaba un talismán para los desempleados; Euclides y Marte, gemelos idénticos que se divertían ante nuestra incapacidad para diferenciarlos.
Todos esas personas han muerto, pero las mencionamos con frecuencia. Su recuerdo ocupa los lugares que habitaron y que, también de milagro, siguen en pie. No sé hasta cuándo
II
Lomás extraordinario de Genoveva es que, prácticamente sin salir de su establecimiento, está enterada de cuanto sucede en México, en la colonia y en el mundo. En cinco minutos da cuenta de atracos, violaciones, asesinatos, cumbres mundiales, bodas y divorcios entre los nobles.
Ayer por la mañana, antes de que pudiera hacerle mi pedido, me asaltó con una novedad: ¿A que no sabe? El purgatorio y elcielo no existen. No entendí de qué hablaba y ella me mostró el periódico: No estoy inventando. Acabo de leerlo. Véalo usted. Apenas terminé la lectura me preguntó qué me parecía la noticia.
No esperó mi respuesta. Tenía urgencia de transmitirme sus conclusiones: Para mí está muy mal que ahora nos digan esas cosas. Imaginé que Genoveva se consideraba ofendida en su profunda religiosidad,...
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