Trabajo de machu pichu

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Colegio Santa Marta
Coquimbo

Informe Altos de Machu Pichu

Canto General Pablo Neruda

Integrantes :

Pablo Espejo C.

HernánPinto M.

Curso: 3 medio B

Asignatura : Lengua

Castellana y Comunicación

I

Del aire al aire, como una red vacía, 
iba yo entre las calles y la atmósfera, llegando y despidiendo, 
en el advenimiento del otoño la moneda extendida 
de las hojas, y entre la primavera y las espigas, 
lo que el más grande amor, como dentro de un guante 
que cae, nos entrega como una larga luna.(Días de fulgor vivo en la intemperie 
de los cuerpos: aceros convertidos 
al silencio del ácido: 
noches desdichadas hasta la última harina: 
estambres agredidos de la patria nupcial.)
Alguien que me esperó entre los violines 
encontró un mundo como una torre enterrada 
hundiendo su espiral más abajo de todas 
las hojas de color de ronco azufre: 
más abajo, en el oro de la geología, 
comouna espada envuelta en meteoros, 
hundí la mano turbulenta y dulce 
en lo más genital de lo terrestre.
Puse la frente entre las olas profundas, 
descendí como gota entre la paz sulfúrica, 
y, como un ciego, regresé al jazmín 
de la gastada primavera humana.
II

Si la flor a la flor entrega el alto germen 
y la roca mantiene su flor diseminada 
en su golpeado traje de diamante y arena, el hombre arruga el pétalo de la luz que recoge 
en los determinados manantiales marinos 
y taladra el metal palpitante en sus manos. 
Y pronto, entre la ropa y el humo, sobre la mesa hundida, 
como una barajada cantidad, queda el alma: 
cuarzo y desvelo, lágrimas en el océano 
como estanques de frío: pero aún 
mátala y agonízala con papel y con odio, 
sumérgela en la alfombra cotidiana,desgárrala 
entre las vestiduras hostiles del alambre.
No: por los corredores, aire, mar o caminos, 
quién guarda sin puñal (como las encarnadas 
amapolas) su sangre? La cólera ha extenuado 
la triste mercancía del vendedor de seres, 
y, mientras en la altura del ciruelo, el rocío 
desde mil años deja su carta transparente 
sobre la misma rama que lo espera, oh corazón, oh frentetriturada 
entre las cavidades del otoño. 
Cuántas veces en las calles del invierno de una ciudad o en 
un autobús o un barco en el crepúsculo, o en la soledad 
más espesa, la de la noche de fiesta, bajo el sonido 
de sombras y campanas, en la misma gruta del placer humano, 
me quise detener a buscar la eterna veta insondable 
que antes toqué en la piedra o en el relámpago que el beso desprendía.(Lo que en el cereal como una historia amarilla 
de pequeños pechos preñados va repitiendo un número 
que sin cesar es ternura en las capas germinales, 
y que, idéntica siempre, se desgrana en marfil 
y lo que en el agua es patria transparente, campana 
desde la nieve aislada hasta las olas sangrientas.)
No pude asir sino un racimo de rostros o de máscaras 
precipitadas, como anillos de orovacío, 
como ropas dispersas hijas de un otoño rabioso 
que hiciera temblar el miserable árbol de las razas asustadas.
No tuve sitio donde descansar la mano 
y que, corriente como agua de manantial encadenado, 
o firme como grumo de antracita o cristal, 
hubiera devuelto el calor o el frío de mi mano extendida. 
Qué era el hombre? En qué parte de su conversación abierta 
entre los almacenesde los silbidos, en cuál de sus movimientos metálicos 
vivía lo indestructible, lo imperecedero, la vida? 
 
III
El ser como el maíz se desgranaba en el incansable 
granero de los hechos perdidos, de los acontecimientos 
miserables, del uno al siete, al ocho, 
y no una muerte, sino muchas muertes llegaba a cada uno: 
cada día una muerte pequeña, polvo, gusano, lámpara 
que se apaga...
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