Yambalalon y sus 7 perros

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YAMBALALON Y SUS SIETE PERROS 
A Pablo 
Las cosas ocurrieron allá por 1962, una época en que la nana me peinaba con limón y una goma verde que venía en frascos de plástico con forma de gato. En la televisión pasaban "La Pandilla" y "El Gato Félix", y yo usaba botines con plantillas para pie plano.
Desfilé por muchos kindergarten porque nos cambiamos de casa como cinco veces, así es que no lleguéa tener amigos en ese tiempo. Los cambios de casa y de escuela me convirtieron en un ermitaño con botas ortopédicas y copete engominado.
Por fin mi papá consiguió una casa donde también pudiera poner su consultorio y una tienda de aparatos ortopédicos. Decidieron que yo iba a entrar a una escuela enorme de muros grises que me pareció tan grande como el multifamiliar que estaba cerca de la casa. Loque me gustó fue que afuera vendían paletas heladas y jícamas con chile piquín. Tuve que pasar por miles de trámites burocráticos y exámenes médicos hasta que alguien decidió que mis seis años y mis conocimientos eran lo suficientemente amplios para entrar a preprimaria.
Se puede decir que pasé la mayor parte de las vacaciones en el baño. Siempre he sido algo friolento y como no tenía nada quehacer decidí pasarme las tardes remojado en el agua caliente de la tina. Ahí inventé a mis cuates Víctor y Pablo. Le puse a mi pie izquierdo Víctor y al derecho Pablo. Mis héroes eran dos señores de doce años que combatían a un maléfico criminal llamado Yambalalón y se platicaban en la tina de baño todas sus aventuras, sin importarles mi desnuda presencia. Yambalalón era uno de los más peligrososgangsters del mundo. Tenía perros amaestrados que lo ayudaban en sus fechorías. Bajo un ahuehuete de Chapultepec se encontraba un pasadizo que conducía al refugio de Yambalalón. En repetidas ocasiones Víctor y Pablo habían tratado de penetrar a la guarida pero nunca daban con el ahuehuete indicado. El terrible Yambalalón no soportaba la luz del día, así es que permanecía bajo tierra la mayor partedel tiempo. Una noche se iba a París o a Toluca (en realidad yo creía que estaban bastante cerca) y asaltaba el Banco Central, siempre el Banco Central, con ayuda de sus siete perros (producto de una mezcla de razas que sólo él había logrado). Me tardé cerca de un mes en imaginar todo esto, sentado en la tina, antes de que la nana me llegara a secar con una toalla gigante.
Faltaba poco para entraral colegio de las jícamas y me pasé la última parte de las vacaciones refinando las aventuras de Víctor y Pablo (se las pensaba contar a mis nuevos compañeros, seguro de que me iban a regalar sus sándwiches, admirados con mi historia).
En un arranque de exotismo imaginé el bumerang australiano de Víctor y Pablo. La particularidad de esta arma (que tenía un aguijón de manta raya capaz de matar almás gordo de los rinocerontes) era que no regresaba al sitio de donde había partido. Si lo aventaba Víctor, el bumerang iba a dar (después de matar un par de pájaros) a las manos de Pablo. Y si lo lanzaba Pablo, Víctor era el encargado de recibir el bumerang lleno de sangre y plumas de pájaro o de apache (también iban mis héroes al lejano Oeste).
Una vez oí que alguien tenía sangre azul. Me parecióimprescindible que Yambalalón tuviera tinta en las venas, y lo que es más, tinta venenosa. Víctor y Pablo soñaban con que algún día su mágico bumerang se vería teñido con la sangre azul del ladrón del Banco Central (claro que se pondrían los guantes de hule que la nana usaba para lavar los trastes, no fuera a ser que se envenenaran con la tinta).
El toque final fue inventar el himno de Yambalalón.Curiosamente quienes lo entonaban eran Víctor y Pablo. En la tina se oía todas las tardes el canto de "Yambalalón y sus siete perros".
Víctor y Pablo habían recibido muchos regalos del Ayuntamiento (en las caricaturas el Ayuntamiento se la pasaba premiando gente; yo ya no creía en Santa Claus, pero empecé a considerar al señor Ayuntamiento como un benévolo sustituto). Se me ocurrió contarle a...
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