Yuklyuk

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LA PROMESA DEL REY BRUJO
(LOS MERCENARIOS II)
R.A. SALVATORE

—TRADUCCIÓN NO OFICIAL POR ULRICH—

MATAR AL REY BRUJO
Cuando la sagrada espada de Gareth brilló en lo alto Cuando la forma de Zhengyi fue destrozada Una llama ennegrecida de detritus Su forma corpórea se arruinó. Cuando el clamor de la victoria bramó estruendosamente Cuando los corazones se hincharon de esperanza Regocíjensevalientes hombres, ante el golpe de Gareth Los fragmentos de Zhengyi se esparcieron.

Pero no puedes matar aquello que no está vivo No puedes golpear una idea No puedes atacar a fuerza de brazo La magia de la negra devoción. Así pues la espada de Gareth sí deshizo Lo físico, lo corpóreo destrozó. La atención del Rey Brujo fue negada La esencia mágica esparcida

Entonces, niños escuchenatentamente las palabras de mamá Caminen derecho hasta el padre, sigan. Ya que un fragmento de Zhengyi los vigila En el vacío oscuro del páramo.

PRÓLOGO
El hombre menudo patinaba por el mágicamente engrasado, pasillo inclinado
hacia abajo, sus pies moviéndose en cortas puñaladas para continuar escarbando hacia adelante y mantenerlo derecho —tarea nada fácil—. Ribetes de humo se elevaban de suestropeada capa de viaje y una larga rasgadura se mostraba el costado izquierdo de su pantalón, con reluciente sangre manando debajo. Artemis Entreri se deslizó por el muro de la mano derecha y rodó a lo largo de éste, no usándolo para romper su vertiginoso salto, ya que al hacerlo le permitiría al lich verlo. Y eso, sobre todo, era lo que el asesino no quería. Apareció de una vuelta y plantó susbrazos firmemente contra el muro frente a él, luego se propulsó hacia abajo diagonalmente bajando el angosto pasillo. Escuchó el sonido de llamas rugir tras él, seguidas por la tensa risa de Jarlaxle, su compañero drow. Entreri reconoció que el confiado elfo oscuro estaba tratando de poner nervioso al perseguidor con esa carcajada, pero incluso Entreri la escuchó como realmente era: un sonidodiscordante agitándose sobre un lecho de total desasosiego. Pocas veces en los meses que habían estado juntos, Entreri había escuchado un indicio de preocupación por parte del calmado elfo oscuro, pero no se equivocaba en ello, y eso únicamente reforzaba sus propios temores reales. Estaba ya muy lejos de la iluminación de la última antorcha puesta a lo largo del extenso corredor para ese entonces, pero unsúbito y violento destello detrás de él iluminó el camino, mostrándole que el pasillo terminaba abruptamente a una docena de pies más allá y se curvaba bruscamente a la derecha. El asesino tomó en cuenta aquel curso perpendicular, su única oportunidad, ya que en ese resplandor, él vio claramente el final del juego de la asquerosa trampa del lich: un puñado de palos afilados sobresaliendo del muro.Entreri golpeó el muro de la mano izquierda y nuevamente rodó. En una vuelta, envainó su conocida daga enjoyada, y en la siguiente se las arregló para deslizar su espada, la Garra de Charon, dentro de su funda en la cadera izquierda. Con sus manos libres, controló mejor su patinazo a lo largo del muro. El piso era más resbaladizo que un declive de hielo en una caverna sin viento en el mismo GranGlaciar, pero los muros eran lisos y de roca sólida. Sus manos trabajaban duramente cada vez que se recobraba, y sus pies derrapaban y giraban en el lugar

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mientras tiraba atrás sus hombros para mantenerse erguido. Se aproximó a la afilada curva y a la mortalmente abrupta parte final. Gritó al tiempo que otra estruendosa explosión sacudió el pasillo detrás de él. El asesino se alejó contodas sus fuerzas mientras se acercaba a la curva, midiendo el tiempo perfectamente para el máximo efecto. Volteándose, inclinó la parte superior de su cuerpo para reforzar el movimiento, tomando un atajo por el pasillo hacia el pasaje lateral. Tan pronto como sus pies se deslizaron por ese pasillo principal, tropezó ya que el engrasado mágico terminaba abruptamente. Tomó la curva y se impulsó...
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