7 Carta

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SEPTIMA CARTA

Paulo Freire

De hablarle al educando a hablarle a él y con él: de oír al educando a ser oído por él.

Partamos del intento de inteligencia del enunciado de arriba, en cuyo primer cuerpo dice: “de hablarle al educando a hablarle a él y con él”. Podríamos organizar este primer cuerpo de la siguiente manera sin perjudicar su sentido: “Del momento en que le hablamos al educandoal momento en que hablamos con él”; o: “de la necesidad de hablarle al educando a la necesidad de hablar con él”; o aun: “es importante que vivamos la experiencia equilibrada y armoniosa entre hablarle al educando y hablar con él”. Esto quiere decir que hay momentos en los que la maestra, como autoridad, le habla al educando, dice lo que debe ser hecho, establece límites sin los cuales la propialibertad del educando se pierde en la permivisidad, pero estos momentos se alternan, según la opción política de la educadora, con otros en los que la educadora habla con el educando.

No está por demás repetir aquí la afirmación, todavía rechazada por mucha gente no obstante su obviedad, la educación es un acto político. Su no neutralidad exige de la educadora que asuma su identidad política yviva coherentemente su opción progresista, democrática o autoritaria, reaccionaria, aferrada a un pasado; o bien espontaneísta, que se defina por ser democrática o autoritaria. Es que el espontaneísmo, que a veces da la impresión de que se inclina por la libertad, acaba trabajando contra ella. El ambiente de permisividad, de vale todo, refuerza las posiciones autoritarias. Por otro lado, elespontaneísmo niega la formación del demócrata, del hombre y de la mujer liberándose en y por la lucha a favor del ideal democrático así como niega la “formación” del obediente, del adaptado con la que sueña el autoritario. El espontaneísta es anfibio – vive en el agua y en la tierra -, no tiene entereza, no se define congruentemente por la libertad ni por la autoridad.

Su ambiente es la licencia enque disfruta su miedo a la libertad. Es por eso por lo que he hablado sobre la necesidad de que el espontaneísta superando su indecisión política, se defina finalmente a favor de la libertad, viviéndola auténticamente, o contra ella.

Éste es, según estamos viendo en el análisis que realizamos, un problema en el que se inserta la cuestión de la libertad y de la autoridad en sus relacionescontradictorias. Cuestión peor comprendida que lúcidamente entendida entre nosotros.

El mismo hecho de ser una sociedad marcadamente autoritaria, con fuerte tradición mandona, con inequívoca inexperiencia democrática enraizada en nuestra historia puede explicar nuestra ambigüedad frente a la libertad y la autoridad.

También es importante notar que esa ideología autoritaria, mandona, de la quenuestra cultura esta impregnada, corta las clases sociales. El autoritarismo del ministro, del presidente, del general, del director de la escuela, del profesor universitario es el mismo autoritarismo del peón, del cabo o del sargento, del portero del edificio. Entre nosotros, cualesquiera diez centímetros de poder fácilmente se convierten en mil metros de poder y arbitrio.

Pero precisamenteporque aún no hemos sido capaces de resolver este problema en la práctica social, de tenerlo claro frente a nosotros, tendemos a confundir el uso correcto de la autoridad con el autoritarismo, y así por negar ese uso caemos en la licenciosidad o en el espontaneísmo pensando que, al contrario, estamos respetando las libertades, haciendo entonces democracia. Otras veces somos realmente autoritariospero nos pensamos y nos proclamamos progresistas.

Es un hecho que por rechazar el autoritarismo no puedo caer en lo licencioso, así como rechazando esto no puedo entregarme al autoritarismo. Cierta vez afirmé: el uno no es el contrario positivo del otro. El contrario positivo, ya sea del autoritarismo manipulador o del espontaneísmo licencioso, es la radicalidad de la democracia.

Creo que...
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