Al comienzo era amor

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Al comienzo era el amor
Psicoanálisis y fe
Julia Kristeva

Traducido por Graciela Klein Gedisa, Buenos Aires, 1986 Título original:

Au commencement était l’amour
Hachette, París, 1985

La paginación se corresponde con la edición impresa. Se han eliminado las páginas en blanco.

Palabras de la autora

Mi primera reacción ante la invitación a hablar sobre “Psicoanálisis y fe”1 fuede vacilación. Relacionar ambos términos, así como los campos que éstos designan, parecería implicar su conciliación o su oposición, mientras que, por el contrario, la validez epistemológica y la eficacia práctica del psicoanálisis dependen de la afirmación de su autonomía. ¿Pero la función del analista no es acaso la de escuchar todas las demandas, no para responderlas —es cierto— pero sí paradesplazarlas, esclarecerlas, disolverlas? Toda demanda, aun la intelectual, expresa un sufrimiento. Tal vez en el tema a tratar esté en juego el sufrimiento tanto del discurso reli-

Este libro surgió a partir de una conferencia pronunciada ante los alumnos de la escuela Sainte-Geneviève, de Versalles, en diciembre de 1984.
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gioso como del racionalismo, y posiblemente también algunainquietud o angustia de índole personal. Tratemos simplemente de acogerlos y de abrir nuestra escucha a otro sentido posible.

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1 Palabra y sujeto en psicoanálisis

En la disolución del amplio continente teológico que se opera desde Descartes hasta fines del siglo XIX, el psicoanálisis (junto con la lingüística y la sociología) fue el último en constituirse en un enfoque racional de laconducta humana y de esa “significación” siempre enigmática que le es propia. No obstante, y en contraposición con las otras ciencias del hombre, el psicoanálisis no respeta la racionalidad positivista. Freud creó el psicoanálisis a partir de la psiquiatría para abarcar un campo que, para algunos, sigue siendo el de lo “irracional” o de lo “sobrenatural”. El objeto del psicoanálisis, en efecto, es tansólo la palabra intercambiada —y los accidentes de este intercambio— entre dos sujetos en situación de transferencia y contratransferencia. En la actualidad, tanto la técnica como los principales postulados de la cura analítica están bastante difundidos y vulgarizados, lo cual hace innecesaria la exposición de su advenimiento y de sus puntos fundamentales. La vulgata analítica —del complejo deEdipo a la pulsión de muerte, pasando
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por la libido o el simbolismo de los sueños— es muy conocida y a menudo injustamente acusada de esquemática. Hay que diferenciarla de la actitud secreta y estrictamente individual de la práctica analítica; de esta última no se puede hablar como de un objeto exterior. El psicoanálisis se habla directamente en primera persona o en impersonal, expresandoprivación, exaltación o dolor. El discurso referido al análisis no pudo, sin embargo, escapar a la acción de los medios masivos de comunicación ni de la mundaneidad imperante. Sin duda, este debate es, en parte, consecuencia de ese fenómeno. No nos lo ocultemos, tratemos más bien de preservar la otra parte del mismo. Los analistas, lejos de ser “víctimas” de estos fenómenos actuales, se prestan debuena o mala gana a ellos; y en este momento asistimos a un cierto descrédito —mundano también— del análisis, consecutivo a su pretensión de algunos años atrás de ser la nueva visión del mundo que aportaría respuesta a todas las crisis. En cambio, al replegarse en el tecnicismo de la observación y de la puesta a prueba de sus modelos teóricos, el análisis afirma su pertinencia y garantiza sueficacia presente y futura. Por lo tanto, me limitaré a recordarles algunos elementos de esta práctica compleja e irresumible que —a mi parecer— pueden conducirnos al núcleo de la cuestión. El sujeto en análisis —o si se prefiere, el analizado— dice en suma lo siguiente: “Sufro de un traumatismo arcaico, a menudo sexual, que es en el
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fondo una herida narcisística, que revivo desplazándola...
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