Analisis De Una Leyenda

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  • Publicado : 24 de octubre de 2011
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La dama esbelta de la calle luna.
Una noche cuando la luna se había ocultado en el poniente y los gallos de la media noche empezaban a cantar don José María caminaba a paso lento por la calle de Urrea porque venía muy cansado de trabajar el turno en la casa redonda y había salido a las once en punto.
Cuando pasó el puente de la pesadilla y se enfilo rumbo al sur mas o menos en la cuadra de laescuela revolución advirtió que caminaba como a cincuenta pasos delante de el una mujer alta de cuerpo delgado y bien proporcionado. Se balanceaba ligeramente al andar como lo hacen las muchachas jóvenes para despertar la atención de los muchachos que las contemplaban. Enfundada en un vestido cortado a su medida lucia su cuerpo femenino de extraordinaria belleza.
Al atravesar una de las pocacalles entre la brillante y amarilla luz del foco se ilumino su cuerpo, que por su belleza era capaz de seducir al hombre más frió e indiferente.
Y don José María un hombre cincuentón a quien no le hacen caso las muchachas, se olvidó de la edad y decidió conquistar a aquella mujer que a paso lento pero segura avanzaba delante de él.
Apresuro el paso para darle alcance, pensando que de un momentoa otro llegaba a su casa y le privaba de su intención de cuando menos echarle un piropo de enamorado.
La muchacha aparentaba unos veinte o veinte dos años y era sumamente raro que anduviera sola a las doce de la noche por la calle de Urrea, zona solitaria en la década de los treinta.
Don José llego a la conclusión de que se trataba de una mujer liviana que salía de sus casa a esas horasdispuesta de encontrar a un hombre con quien pasar la noche y recibir por sus favores unos cuantos pesos con los que se hacía vivir ella y su familia. Le entusiasmaba la ida da hacerla su novia por su belleza y juventud y luego de que ella se desengañara de que el no era casado, entonces casarse con esa mujer y bella aunque el ya estuviera un tanto fuera de edad.
Decidido a todo, aceleró el pasodispuesto a colocarse a su lado, saludarla con atención y luego sacarle plática. Ella en su espalda se mostraba serena, sin apuros ni precipitaciones y la indiferencia o valentía que mostraba para caminar de noche sola, le parecía una gran interrogación.
Exactamente en la cuesta o subida de la calle cuando le dio alcance y enloquecido por sus pensamientos de lujuria, antes de hablarle, quiso,tomarla de la cintura. El cabello ondulado que caía graciosamente debajo de los hombros, le había impedido mirar algo de su cara para adivinar con mediana exactitud sus facciones. Sin embargo, la proporción de su cuerpo y gracia en el andar siempre le llevaron a pensar que su cara era delgada, de color apiñado y expresión angelical. Cuando ella sintió que le habían puesto la mano en la cintura, volteosu cara para contemplarle y que el también la contemplara, pero no tuvo tiempo de mirarla, como fulminado por un rayo cayo al suelo y permaneció tirado en aquel sitio por toda la noche.
A la mañana siguiente despertó, era mediado del mes de mayo, cuando el sol sale temprano y antes de las seis de la mañana empieza a iluminar con su luz amarilla los pretiles de las casas. Entonces se dio cuenta deque estaba tirado en la calle y las personas pasaban y lo veían.
En ese momento recordó lo que le avía pasado la noche anterior lleno de escalofrió y de espanto al recordar la cara de la muchacha a la que avía intentado tomar de la cintura. Era un esqueleto, una calavera sin ojos, sin nariz sin mejillas que causaba pavor y espanto recordarla.
A nadie quiso contar lo que me avía sucedido portemor que lo juzgaran loco y en el momento dado dudó de lo que avía visto, pensando que había soñado hasta que don Cristóbal, hombre más joven que el, le contó lo que avía sucedido y que también se desmayo al verla.
Pronto se corrió la voz generalizándose el hecho de que han sido muchos trasnochadores quienes han vivido esa experiencia desagradable. Todavía después de cincuenta años, la...
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