Antologia

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Rafael Arévalo Martínez
Las botinas blancas

. . . Y soñó la niña
de faz demacrada
que a pedirle auxilios
a la virgen santa
una noche obscura
salió de su casa;
que había en la senda
por la que marchaba
lodazales turbios
y engañosas charcas;
y que al ir por ella
mucho le costaba
conservar sin fango
sus botinas blancas

. . . Que al fin llegó al templo
y al pisar su entradahacia las baldosas
en que se apoyaba
llena de temores
bajó la mirada
y sus zapatitos
encontró sin mancha.

. . . A los pocos días
en la triste estancia
se cumplía el sueño
de la niña pálida.
Moría sonriendo
y en el cielo entraba
sin haber manchado
sus botinas blancas.

Gabriela mistral
VOLVERLO A VER
¿Y nunca, nunca más, ni en noches llenas
de temblor de astros, ni en las alboradasvírgenes, ni en las tardes inmoladas?

¿Al margen de ningún sendero pálido,
que ciñe el campo, al margen de ninguna
fontana trémula, blanca de luna?

¿Bajo las trenzadoras de la selva,
donde llamándolo me ha anochecido,
ni en la gruta que vuelve mi alarido?

¡Oh, no! ¡Volverlo a ver, no importa dónde,
en remansos de cielo o en vórtice hervidor,
bajo unas lunas plácidas o en un cárdenohorror!

¡Y ser con él todas las primaveras
y los inviernos, en un angustiado
nudo, en torno a su cuello ensangrentado!
Flavio herrera
El beso

Se iluminó la estancia de una venusta gracia
cuando acerqué a tu boca la mía temblorosa,
mientras por tierra y cielo relampagueó mi audacia
cortándole a la vida su más intacta rosa.

¿Qué jugo, di, qué jugo el corazón invoca
tiene como tuslabios tan íntimos dulzores?
Mujer, dime: ¿Qué abejas buscaron en qué flores
las mieles trasegadas al panal de tu boca?

¡Oh, beso! con la gloria de tu emoción celeste
–comunión de alma y boca, brasa y diafanidad–
abriste en el más puro de los espasmos: Este,
a nuestro barro efímero rutas de eternidad.

Tu labio, jardín donde la fiebre es jardinera;
botón de calentura mi labio nuncaahíto,
fundiéronse en las llagas de la inmortal hoguera
para beberse juntos de un beso el infinito.

Enrique Gómez Carrillo
“A veces, por la noche, cuando rendido por el peso de sus miradas me quedo dormido, sus pupilas se dilatan en la bruma de mi sueño y me hacen temblar. Últimamente, temeroso de ahogarme en sus efluvios, les pedí por Dios que me dejaran tranquilo, que no me persiguieran más consus luces fosforescentes, que tuvieran lástima de mí. Y fue horrible… Se marcharon, me dejaron solo, ya no tuve frío, ya no sufrí, y mi alma, mi pobre alma enamorada, sufrió, sin embargo, mil veces más de no sufrir… Pero volvieron. En su crueldad infinita, son clementes… Y allí están de nuevo, siempre míos, siempre fijos, muriendo conmigo, matándome dulcemente, piadosamente, sin perder un minuto,ni un segundo; matándome de las mil muertes de que ellos han perecido… Porque son ojos muy antiguos, conservados en lágrimas… Son tal vez los ojos de Cleopatra, palidecidos por los siglos… los ojos de Salomé, arrepentidos… Son los ojos de todas las princesas lejanas muertas de amor… ¡Son tan claros, tan fluidos, tan tiránicos! A veces parecen turquesas iluminadas por una luz espectral; a veces sonópalos mates, con todo el agua de la gema glauca, pero sin sus cabrilleos de luz; a veces son esmeraldas casi blancas… En la penumbra de nuestras horas de amor, son como llamas que se ahogan en un piélago, y que luego resucitan, y luego vuelven a morir, y que así, muriendo y reviviendo, me hacen gozar y padecer del vértigo de lo infinito”.

Domingo Faustino
LA MAESTRA
Es en la escuela otramadre 
que orienta con sus consejos; 
es experta sembradora 
de nobles conocimientos; 
es mano suave que guía 
y es luz que alumbra senderos. 
Es, en suma, la maestra, 
manojo cálido y tierno 
de bondadosa paciencia 
y de maternal afecto.

Otto René Castillo
LA TERNURA EN TUS MANOS
Está naciendo
la ternura en tus manos,
esta tarde,
mi dulce visitante.
Acudes
alegremente
al...
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