Anuli

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  • Publicado : 14 de septiembre de 2012
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La que trae la felicidad

¿Has tenido alguna ve, la sensación de oir un nombre extraño y no estar seguro de si ese nombre existia antes? Aunque sabes que si estaba ya. Eso nos pasa con mas cosas ademas de con los nombres. Con personas de carne y hueso. Bueno, las personas de esta historia son más hueso que carne. Esta historia trata de una niñita llamada Anuli, que conoció a la señora Muertedemasiado pronto.


No corría ni un ápice de aire. El ambiente estaba cargado, casi irrespirable. Desde el cielo se verían como hormigas negras sobre la inflexible polvareda, pero desde el suelo era distinto, la ardiente arena se pegaba a las doloridas plantas de la gente dando otro punto de vista. El camino hasta el campamento era difícil y largo. Muchas madres llevaban a sus recien nacidos acuestas o en brazos con la esperanza de aplacar el vacio de sus estomagos y de un lugar seguro para sus hijos.
La madre de Anuli habia dejado su poblado al ser atacado por un militares. Ellos no paraban de decir que hacian todo por su bien. La mujer no lo veia asi. Ahora iba de camino a un campamento. Al igual que otra mucha gente. Al igual que otros muchos que les volvería a cambiar la vida.Sin previo aviso sintio un escalofrio y las nauseas del asco. Algo viscoso y resbaladizo se le habia subido al pie. La serpiente atraveso con su ponzoña el tobillo de la madre. Con la poca fuerza que le quedaba, aferró a su bebé entre sus finos brazos mientras caía, protegiendola del impacto. Aulló de dolor cuando las piedras rasgaron su piel, pero eso, era lo de menos. Vió como el animal sedesenroscaba y que sus rasgados y ansiosos ojos encontraban una presa más suculenta: El banquete de sus brazos. Gritó pidiendo ayuda pero nadie cesó su camino. Estaba herida de muerte y era débil…pronto serían carroña para las aves.
De repente unos grandes camiones atravesaron la carretera a toda velocidad. Con un brusco frenazo el que los enfilaba paró. Del vehiculo salió una mujer con expresiónangustiada. Se agachó con dificultad por la carisíma ropa que llevaba y cogió algo del camino.
Mientras, la pequeña, al no quedarle lágrimas, miraba desafiante a la serpiente que se le acercaba zigzagueando y siseando triunfal. Le habia tocado el premio gordo… tal vez no gordo. Casí era un saco de huesos, pero valdría. La madre berreaba y extendía los brazos intentando alejar a su hija lo máximoposible. Sabía que nadie las ayudaría, eran desecho, pero seguía pidiendo ayuda desesperada. Las pringosas escamas rozaron su brazo. Un movimiento y todo habria acabado. Cerró los ojos esperando que fuera rápido cuando, de pronto, un grito ajeno la sobresalto. La mujer del blanquecino y lujoso vestido había arremetido contra el reptil y con un limpio tajo le cortó la cabeza con lo que parecía unaafilada piedra. Gritó algo en otro idioma, señalándola. En segundos, varias personas la levantaron en volandas y la llevaron al camión que era asediado por una multitud hambrienta y sedienta. Ella se resistía asustada aun cuando un extraño sopor la intentaba transportar a su mundo. Entre el barullo de caras vio el cielo. No, no era el cielo. Eran unos ojos azules, enmarcados por unos bucles doradosque un blanquecino fular intentaba contener. Ni lo pensó. Algo le dijo: esta bien. Aflojó los brazos y pasó a su hija a la mujer. Con una última mirada a su bebé musitó:
-Anuli…
-¿Qué, qué ha dicho?-preguntó preocupada.
-Anuli-le contestó el conductor-significa la que trae la felicidad.
La madre empezó a cerrar los ojos con una sonrisa en los labios. Esa niñita le habia traido la felicidad,sí, lo que no sabía es… que sería la última vez que viera los ricitos chocolateados de su bebé.
La cargaron en el camión y reemprendieron la marcha. Tenian que llevar los suministros hasta el campamento lo más rápido posible.


La madre y el bebé estaban muy débiles. Era el único pensamiento que rondaba la cabeza de Kimberly. No olvidaba la expresión de la madre. La esperanza, el...
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