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cacion en un asunto de juicio, no camina de mal humor quejándose de Dios, sino que trasforma su error en una victoria. Aprende la lección de las enseñanzas de su Maestro, y presta más atención para no ser engañado nuevamente (Recibiréis poder, p. 136).
Cristo es el mediador entre nosotros y Dios
Cristo es el vínculo entre Dios y el hombre. Ha prometido interceder personalmente entre nosotros.El pone toda la virtud de su justicia del lado del suplicante. Implora a favor del hombre, y el hombre, necesitado de la ayuda divina, implora a favor de si mismo ante la presencia de Dios, valiéndose de la influenza de Aquel que dio su vida para que el mundo tenga vida. Al reconocer ante Dios nuestro aprecio por los meritos de Cristo, nuestras intercesiones reciben un toque de incienso fragante.A allegarnos a Dios en virtud de los meritos del Redentor, Cristo nos acerca a su lado, abrazándonos con su brazo humano, mientras que con su brazo divino sea ase del trono del Infinito. Vierte sus meritos, cual suave incienso, dentro del incensario que tenemos en nuestras manos, para dar estimulo a nuestras peticiones. Promete escuchar y contestar nuestra suplicas.
Sí, Cristo se ha convertido enel cauce de la oración entre el hombre y Dios. También se ha convertido en el cauce de bendición entre Dios y el hombre. Ha unido la divinidad con la humanidad. Los hombres deberán cooperar con él para la salvación de sus propias almas, y luego esforzarse fervorosa y perseverantemente para salvar a los que están a punto de morir (Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 190)
Así como el sumopontífice rociaba la sangre caliente sobre el propiciatorio, mientras la fragante nube de incienso ascendía delante de Dios, de la misma manera, mientras confesamos nuestros pecados, e involucramos la eficacia de la sangre expiatoria de Cristo, nuestras oraciones han de ascender al cielo, fragantes con los meritos del carácter de nuestro Salvador. A pesar de nuestra indignidad, siempre hemos de
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teneren cuenta que hay Uno que puede quitar el pecado, y que está dispuesto y deseoso de salvar al pecador. Con su propia sangre pagó la pena por todos los malhechores. Todo pecado reconocido delante de Dios con un corazón contrito, él lo quitara. “si vuestros pecados fuesen como la grana, como la nieve serán emblanquecidos, si fueron rojo como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isa. 1:18)(Review and Herald, 29 de septiembre de 1896).
Las oraciones no valen si hay iniquidad en el corazón
“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:11, 12). Cristo dice: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en loscielos es perfecto” (Mateo 5:48). ¿Qué sirven sus oraciones si usted alberga iniquidad en su corazón? A menos que haga un cambio completo, dentro de poco se cansara del reproche, como lo hicieron los hijos de Israel; y, como ellos, apostatará. Algunos de ustedes reconocen de palabras el reproche, pero no lo aceptan en su corazón. Siguen como antes, solo que menos susceptibles a la influencia delEspíritu de Dios, haciéndose más y más ciegos, teniendo menos sabiduría, menos control sobre ustedes mismos, menos poder moral, y menos celo y gusto por los ejercicios religiosos; y, a menos que sean convertidos, últimamente perderán por completo su vinculo con Dios. No han realizado cambios decididos en su vida para al llegar la amonestación, porque no han visto y reconocido sus defectos de carácter yel gran contraste entre su vida y la vida de Cristo. Ha sido su costumbre colocarse en una posición donde no pierdan por completo la confianza de sus hermanos (Testimonies for the church, t. 4, p. 332).
La oración no reemplaza a la obediencia
El cumplimiento de las promesas de Dios es condicional, y la oración no ocupara nunca el lugar del deber. “Si me amáis –dice Cristo-, guardad mis...
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