Bardo thodol

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ZANONI
Novela Ocultista Original de

Sir Edward Bulwer Lytton

INTRODUCCION
Es posible que entre mis lectores haya unos pocos que recuerden una antigua librería que algunos años ha existía en las inmediaciones de Covent Garden1 ; y digo pocos, porque, a decir verdad, muy escaso atractivo podrían tener, para la inmensa mayoría de la gente, aquellos preciosos volúmenes que toda una vida decontinua labor había acumulado en los empolvados estantes de la librería de mi viejo amigo D***. Allí no había que buscar tratados populares, novelas de pasatiempo, historias ni viajes, ni los Conocimientos para el pueblo, ni tampoco la Biblioteca recreativa para todos; pero, en cambio, el curioso no habría encontrado tal vez en toda Europa una colección tan rica como aquella, pues ningúnaficionado entusiasta había conseguido jamás re unir tantas obras de Alquimia, Cábala y Astrología como las que figuran en dicha colección. Su propietario había gastado una verdadera fortuna en la adquisición de multitud de tesoros que no debían tener salida; pero hay que decir también que el viejo señor D*** tampoco tenía muchas ganas de venderlos, pues sentía en el alma deshacerse de tales volúmenes.Pasaba un mal rato cada vez que veía entrar en su tienda algún parroquiano; espiaba los menores movimientos del insolente intruso, lanzándole miradas furibundas, y andaba alrededor de él vigilándole sin descanso; refunfuñaba y ponía un gesto de vinagre cuando unas manos profanas sacaban de su polvoriento nicho alguno de sus ídolos adorados. Si por ventura entre las odaliscas favoritas de suencantador harén, seducía alguna al comprador y no retrocedía éste al oír el exorbitante precio que por ella pedía, muchas veces no reparaba el viejo D*** en doblar el precio del libro. Un poco de vacilación por parte del intruso era bastante para que con vivo placer le arrebatara él de las manos la venerable hechicera; pero si, por el contrario, el visitante accedía a sus pretensiones, pintábase ladesesperación en el rostro del viejo; y, no pocas veces, en medio del silencio de la noche, llamaba a la puerta del comprador para que le vendiera, en las condiciones que quisiese, el libro que le había comprado pagándole tan espléndidamente al precio que a él se le antojara. Fanático entusiasta de su Averroes y de su Paracelso, sentía la misma repugnancia que los filósofos, a quienes había estudiado,en comunicar a los profanos el saber que había él adquirido. Sucedió, pues, que allá en los juveniles años de mi existencia y de mi vida literaria, tenía yo vivos deseos de conocer el origen y las doctrinas de la extraña secta denominada de los Rosacruces. Poco satisfecho con las escasas y superficiales nociones que acerca de este asunto pueden halarse en las obras corrientes, se me ocurrió la ideade que en la colección del señor D***, que era muy rica, no sólo en libros impresos, sino también en manuscritos, encontraría, tal vez, algunos datos más precisos y auténticos sobre aquella famosa fraternidad, escritos, quizás, por alguno de los miembros de la misma orden, y que viniesen a confirmar, con el peso de su autoridad y con ciertas particularidades, las pretensiones a la sabiduría y ala virtud que Brigaret atribuía a los descendientes de los Caldeos y Gimnosofistas.

1

Así se denomina un punto de Londres ocupado antiguamente por el jardín de un convento, y donde se hallan emplazados en la actualidad un teatro y un mercado. (N. Del T.)

Así, pues, encaminé mis pasos hacia dicho punto, el cual era indudablemente — aunque deba avergonzarme de confesarlo— uno de los sitiosque en las crónicas de nuestros propios días, errores y engaños tan absurdos como los de los alquimistas de los viejos tiempos? Es muy posible que nuestros mismos periódicos parezcan a nuestra posteridad tan llenos de patrañas, como lo son a nuestros ojos los libros de los alquimistas, sin exceptuar aquello de que la prensa es el aire que respiramos, y eso que es también un aire sumamente...
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