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l 13 de julio de 2000, durante el gobierno del presidente De la Rúa, nuestro país firmó un contrato asaz curioso. La empresa argentina Invap, que pertenece a la Comisión de Energía Atómica y algobierno de Río Negro, le vendía a Australia un reactor nuclear fatto in casa. Pero, en contrapartida, Australia podía enviar a la Argentina sus residuos radiactivos para que fueran acondicionados aquí yluego devueltos al lugar de origen. Más o menos como si una editorial me comprara los derechos de un libro a condición de que yo le limpiara el baño.

Los términos del acuerdo entre Invap y losaustralianos permanecen secretos. En cambio, los de un nuevo acuerdo firmado el 8 de agosto de 2001 entre los ministerios de Relaciones Exteriores de la Argentina y de Australia son públicos, fortalecen elcontrato anterior y facilitan el ir y venir de residuos radiactivos entre una y otra orilla. Obviamente, el acuerdo se llama "de cooperación en los usos pacíficos de la energía nuclear". Pero elhecho de que no sea un acuerdo para fabricar bombas no debería tranquilizarnos tanto.

Los australianos tienen una agitada historia en relación con las cosas nucleares. Permitieron que Inglaterrahiciera estallar veintiuna bombas atómicas en el desierto de Maralinga sin que la presencia en la zona de comunidades aborígenes les resultara un argumento disuasivo y enviaron a los Estados Unidos y a GranBretaña elementos "agotados" de su viejo reactor Hifar, acusado de causar daños en el medio ambiente (el mismo que sería reemplazado por ese otro de factura criolla).

Pero les queda un montón dedichos elementos, que en su momento le "encajaron" a Francia para que fueran reprocesados, lo que desató un escándalo en Cherburgo, aquella apacible aunque nublada ciudad donde una Catherine Deneuvejovencita resplandecía bajo los paraguas.

Hoy, en este mismo momento, nuevas manifestaciones de Greenpeace en Cherburgo se oponen a la llegada de unos barcos que traen 140 kilos de plutonio...
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