Benito juares

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Cosme y Damián
Ambos habían nacido el mismo día en un pueblo de los más pobres de la Coruña. Sus padres eran parientes lejanos, y cada cual tenía ya, al venir los muchachos al mundo, seis o siete chiquillos, que vivían mal alimentados y casi desnudos junto a las vacas que constituían toda la fortuna de aquellas familias. Les pusieron por nombres, al uno Cosme y al otro Damián. Los niños fueronbuenos amigos desde sus primeros años, a pesar de la diferencia de gustos y de caracteres. Cosme era activo, amante del estudio, inteligente; y Damián, por el contrario, perezoso, torpe y de escaso talento. Los dos sacaban las vacas a pastar en el campo, y mientras Damián, echado en la hierba, procuraba   -138-   dormir o no hacer nada, Cosme deletreaba en cualquier papel o libro viejo que buscabasin que nadie supiera cómo, y en el que estudiaba solo, pues sus padres no le mandaban a la escuela, yendo únicamente el hermano mayor. El tiempo pasó así para los dos chicos, hasta que un día sus familias decidieron que salieran del pueblo en busca de trabajo, muy escaso allí.
-¿Y dónde iremos? -preguntó Damián.
-Donde haya en qué ganar un pedazo de pan -le dijo su padre.
-¿Iremos juntos?-interrogó Cosme.
-Como queráis -les contestaron.
Los dos niños se despidieron de sus respectivas familias y partieron sin llevar más equipaje que un poco de ropa vieja atada en la punta de un palo, algunas monedas, escasas y de corto valor, y un escapulario que les puso la abuela de Cosme. Damián caminaba triste y silencioso; su compañero iba más animado, contemplando con placer, ya la verdecampiña que cruzaban, ya el cristalino río o el arroyo donde mitigaban su sed, o los altos campanarios y las casitas blancas de los pueblos. Damián se cansaba pronto de andar, y tenían que detenerse a menudo, lo que   -139-   no era del agrado de Cosme, que deseaba verse en alguna población de más importancia. Comían poco y mal en las posadas de más pobre aspecto, dormían bajo los árboles o encualquiera tierra inculta, y a pesar de eso, su modesto capital disminuía de tal manera, porque las monedas que lo componían eran de cobre, que a los pocos días de haber salido de su aldea ya no poseían casi nada. Fueron, por fin, admitidos como segadores, trabajaron con ahínco para un labrador muy rico de un lugar, y al terminar la faena, con el dinero que cobraron pudieron continuar su viaje.-Pero ¿dónde quieres ir, que nunca acabamos de andar? -preguntaba Damián, que se hallaba rendido.
-Pues a la capital -respondía Cosme. Todo esto con un marcado acento gallego, del que hago gracia a mis lectores, pero que ellos suplirán si así les place. Al cabo entraron en la ciudad anhelada, Damián más desanimado que nunca y Cosme más lleno de ilusiones. Fueron, al pronto, areneros los dos.
-Nopasaremos de aquí -decía el primero-, no servimos para otra cosa; y tú verás cómo en la vida tendremos un cuarto.
-Pues yo pienso ser millonario -decía   -140-   el otro-; no hay nada que en el mundo no se logre con buena voluntad y perseverancia.
Durante la noche, Cosme seguía aprendiendo lo que podía, mientras su amigo dormía, ya en una obra en construcción o en alguna posada, según tenían ono dinero. Enterado el buen galleguito de que había escuelas gratuitas para niños pobres, logró ser admitido en una sin que pudiese hacer que Damián le imitase. Al cabo de un año, Cosme leía y escribía perfectamente, por lo que fue recomendado por su maestro a un rico comerciante, que le recibió con agrado, haciéndole que trabajase en su casa. Damián seguía vendiendo arena, y después fue aguador;pero como era tan holgazán; decía que la cuba le pesaba, y no cumplía bien en ninguna parte. Cosme salió de la tienda para ir al escritorio, de allí pasó a ser secretario, y, como era listo y tenía inventiva, fue colocado al servicio de un personaje, al que ayudó a hacer fortuna. Los dos galleguitos dejaron de verse por completo. Damián vivía en un cuarto muy malo, que compartía con una docena...
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