Caligula

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Calígula
Título original: Caligula Traducción: Dolors Gallan 1 .a edición: noviembre 2004 1.a reimpresión: abril 2005 © Editions Anne Carriére, Paris, 2002 © Ediciones B, S.A., 2004 Bailen, 84 - 08009 Barcelona (España) www. edicionesb. com www.edicionesb-america.com ISBN: 84-666-1814-7 Impreso por Quebecor World Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en las leyes,queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos. Paul-Jean Franceschini Pierre Lunel Traducción de Dolors Gallart
La lamentable extinción delmundo precristiano y de sus fascinantes prácticas. VLADIMIR NABOKOV, Lolita

CAPRI, SE ACABÓ
Mayo de 36 - abril de 37 d.C. Capri, mayo del año 36 En el punto más elevado de la isla se alzaba la villa de Júpiter, una maciza construcción de granito gris, nido perfecto para las águilas gigantes al que se accedía por un largo y serpenteante camino que dejaba exhaustos a los porteadores de literas.Tras franquear la imponente puerta, dedicando un mudo saludo al centinela que se apresuró a cuadrarse, Macrón se desperezó y aspiró el acre perfume de los matorrales. Los primeros rayos de sol disipaban poco a poco los bancos de bruma. A lo lejos, más allá del mar de color vino, una mancha blanca revelaba la presencia de Nápoles. Alto, bien plantado, con un brillo de autoridad en la mirada, propio dequienes han nacido para mandar, Macrón era prefecto del pretorio de Roma. La inspección de los puestos de guardia de la isla no figuraba ni por asomo entre sus atribuciones. Lo hacía porque había sido durante mucho tiempo oficial de la legión y porque, en el desempeño de su importante cargo, echaba de menos aquel paseo matinal. A cada uno de los centinelas le repetía el santo y seña elegido porel emperador: amor fati, el amor por el destino. ¡Qué fácil resulta exhortar a los hombres a amar su destino, cuando uno es el único que lo determina! Macrón se encargaba de que se cumpliesen en Roma y en todo el Imperio las órdenes de Tiberio, que no abandonaba Capri desde hacía mucho. Una vez más, recordó que el prefecto Sejano, al que había sucedido en aquel puesto relevante y arriesgado, habíaterminado su carrera en la escalera de las Gemonías, despedazado por el populacho. Era peligroso gozar de la confianza de Tiberio. ¿Acabaría corriendo él la misma horrenda suerte? Se detuvo por un instante, rescatado de tan lúgubres pensamientos por el esplendor del paisaje. El mar orlaba la costa con una puntilla de nácar. A lo lejos, dos velas triangulares escoltaban la sombría masa de untrirreme. Muy cerca, en la villa de Capricornio, una de las doce que Tiberio había mandado construir y a las que había puesto los nombres de los signos del zodíaco, se erguían las resplandecientes columnas de su peristilo. De allí llegaba un confuso rumor de fiesta. Macrón reprimió un juramento. Si hubiera tenido a sus órdenes a ese inútil de Cayo, le habría enseñado a proceder con rectitud a base decorrectivos generosos aplicados con la cepa de viña, la insignia de los centuriones. Por desgracia, no podía darle más que consejos al hijo adoptivo del emperador, consejos de los que el joven no hacía el menor caso. Veinte años atrás, cuando vivía en los campamentos del ejército del Rin con su padre, el gran Germánico, todo el mundo había creído que un día llegaría a ser un soldado. Lo disfrazabande legionario, lo que le valió el sobrenombre de Calígula, «bota pequeña». Llegado a la edad adulta, no era más que un gandul que se pasaba las noches de juerga hasta el alba.

Al tiempo que reanudaba la marcha por el sendero, el prefecto del pretorio pensó en la conversación que había mantenido la noche anterior con el emperador. ¿Qué le había pasado a Tiberio por la cabeza mientras fijaba...
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