Capitulo 3 mexico mutilado

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F r a n c i s c o M a r t í n M o r e n oM é x i c o m u t i l a d o
Tercer capítulo
La segunda conquista de México
Era por todos sabida la resistencia de Polk a dar sus instrucciones por escrito.Jamás asentaba su firma al calce de un documento que posteriormente pudieracomprometerlo, más aún si se trataba de una operación secreta de las tantas que tramó en el interior de la Casa Blanca.Obviamente temía las consecuencias políticas que podrían derivarse si una de sus órdenes confidenciales aparecía repentina y sospechosamente sobre la mesa de trabajo de un legislador de la oposición o“traspapelada” sobre el escritorio de un periodista enemigo. Pero no sólo en ese sistema de respuestas adversas radicaba la justificación de su conducta, no, Polk también temía el juicio de la historia enel caso de que un documento confidencial, suscrito por él, fuera a caer en manos de biógrafos o investigadores que pudieran “ensuciar” su imagen de cara a las futuras generaciones. Mackenzie recibió sus órdenes verbales como cualquier otro funcionario o agente encargado de una operación secreta. Su obligación consistía en abstenerse de mandar reportes por correo que pudieran ser interceptados oabiertos en los despachos del Departamento de Estado o de la Casa Blanca y, con carácter urgente zarpar rumbo a Washington para informar al presidente, de viva voz, cara a cara, de lo acontecido. La primera entrevista no sería con Bancroft ni con Marcy ni con Buchanan: antes que rendirle cuentas a nadie se debería apersonar con el presidente de los Estados Unidos y luego, luego, ya recibiríainstrucciones. ¿Qué hizo Alexander Slidell Mackenzie? Legó a los historiadores y novelistas un material invaluable para reconstruir los hechos tal y como se dieron entre los más encumbrados personajes de la época. En primer lugar, la misma noche del 8 de julio envió una carta al secretario Buchanan relatándole los pormenores de la conversación con Santa Anna y explicándole cómo había desarrollado, puntotras punto, exactamente, las instrucciones del Polk. “Le leí, señor secretario, las órdenes que medio el presidente para no cometer error alguno, órdenes que aquí mismo le transcribo con las respectivas respuestas del líder mexicano.” Si Buchanan y Polk no podían creerlas indiscreciones de su “enviado diplomático”, menos, mucho menos pudieron concebí cómo Mackenzie, en lugar de navegar a todavela rumbo a Washington, había zarpado en dirección a los cuarteles de Taylor en las márgenes del Río Bravo, por supuesto sin autorización alguna, para revelarle al general su misión secreta, así como las sugerencias del mismo Santa Anna para intervenir militarmente en México.
Por un momento Taylor creyó estar soñando o hasta llegó a dudar del equilibrio mental de Mackenzie:—¿Entonces me quiereusted decir que Polk invita a Santa Anna a regresar a su país para encabezar al ejército mexicano en contra de nosotros y al mismo tiempo para lograr la paz que incluya la anexión de toda California y Nuevo México y tal vez parte de Chihuahua y Sonora a cambio de treinta millones de dólares? Ya decía yo que el pleito de la franjita entre el Nueces y el Bravo era un mero pretexto para algo mayor,mucho mayor...Mackenzie asentía mecánicamente con la cabeza.—¿Entonces yo debo proceder a bombardear Saltillo, Monterrey y bajar hasta San Luis Potosí, señor comandante? —preguntó Taylor en plan provocador a sabiendas que él no daría un paso sin instrucciones escritas de Marcy o del presidente y que Mackenzieen todo caso era un irresponsable, un niño que jugaba con la cuerda de un cañón
Horwitzercargado.—No, por supuesto, no haga eso.—¿Por qué no...?—Porque no lo ha autorizado el presidente ni Marcy ni el Alto Mando.—¿Entonces qué sentido tiene venirme a ver si de cualquier manera, como militar, sólo acataré las órdenes que tenga sobre mi mesa de campaña?—Buenos días, general...—Vaya usted con Dios, comandante...Mackenzie nunca se dio cuenta de los errores cometidos hasta que pisó la...
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