Capitulo4 de politica para amador

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Fernando Savater

POLÍTICA PARA AMADOR
1993, España

Capítulo cuarto – La gran invención griega ¿Recuerdas el canto segundo de la Iliada? Aquiles, el más temible de los guerreros griegos, se enfada con Agamenón y abandona el combate: ¡largo combate, porque los griegos llevan ya diez años sitiando la bien amurallada ciudad de Troya! Los diversos jefes de las tropas aqueas se reúnen paradiscutir lo que deben hacer en la nueva situación que se les presenta: ¿abandonar el asedio y volver a casa? ¿Atacar a tumba abierta, aun sin contar con la ayuda del enojado Aquiles? Cada una de las posturas tiene partidarios y detractores. También entre los guerreros de la tropa se oyen voces discrepantes, quizá incluso hay conatos de rebelión, como el encabezado por Tersites, un simple hombre delpueblo que ya está harto de los abusos y caprichos del rey Agamenón. Tersites es partidario de volver a Grecia y dejar en el campo de batalla al orgulloso Agamenón, solo con todo su botín a las puertas de Troya: ¡a ver cómo se las arregla sin ayuda, él que se considera tan superior a todos los demás! Pero Ulises interviene y le hace callar sin contemplaciones, a Tersites y a todos los restanteshombres del pueblo que intentan meter baza en el debate de los reyes. ¡A callar, que no todo el mundo puede ser rey! Los que han nacido para obedecer no deben entrometerse en las deliberaciones de los que nacieron para mandar. Y el pobre Tersites (Homero insiste mucho en que era muy feo y medio jorobado, para que sea más evidente aún su atrevimiento al intentar dar lecciones a los más hermosos yfuertes de los príncipes) termina llorando en un rincón, con un enorme chichón producido por el porrazo que el rey Ulises le ha atizado con su cetro... Supongo que si te digo que en esta escena de la Iliada lo que en el fondo está contando Homero son los albores de la democracia pensarás que te estoy tomando el pelo. Y sin embargo me parece que es de eso precisamente de lo que se trata. Los reyes ypríncipes de cada uno de los pueblos griegos aliados contra Troya habían llegado al trono por los caminos habituales de los que hemos hablado en el capítulo anterior: destacaban por su fuerza o por su astucia y provenían de familias a las que por derecho de sangre (¡si es que los espermatozoides pueden dar «derecho» a algo en política!) correspondía el mando. Cuando se encontraron embarcados en laguerra contra Troya, cada cual se sintió igual a los demás héroes aunque aceptaron como jefe a Agamenón, tanto por razones militares como porque la expedición se había convocado para recuperar a su cuñada Helena, esposa poco fiable de su hermano Menelao. Pero en cuanto Agamenón se extralimitó en sus privilegios de jefe ocasional y ofendió a uno de sus iguales, al héroe Aquiles, se montó un pollo demucho cuidado. Cuando los jefes aqueos se pusieron a discutir, nadie dudaba que a fin de cuentas se haría lo que decidiera la mayoría; y que si la mayoría decidía quedarse pero algunos preferían irse, nadie se lo iba a impedir. El sibilino Ulises abogó porque se obedeciera a Agamenón como autoridad única, pero siempre por razones de utilidad circunstancial, no porque creyese que el fiero atridatenía algún derecho genealógico o divino para imponerse como jefe. La opinión, sensata como casi siempre, de Ulises era que más valía obedecer a uno sólo para enfrentar el peligro ante el que se hallaban que dar muestras de división y rencillas en las mismísimas narices del enemigo. De igual forma, Aquiles se había retirado del combate cuando se cabreó y nadie tenía autoridad suficiente para ordenarlevolver a la guerra (por favor, no vayas a creer que Aquiles era algo así como un insumiso de aquellos tiempos, que ninguno fue menos pacifista que él...). En resumen, los jefes aqueos se consideraban iguales, se hablaban como iguales, discutían y decidían entre iguales (aunque algunos fueran más influyentes o más respetados que otros, por lo bien que argumentaban o por la mucha experiencia que...
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