¿China mi madre?no, ¡es mexicana y a mucha honra!

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¿CHINA MI MADRE? NO, ¡ES MEXICANA Y A MUCHA HONRA!
Por: Jéssica Galindo Rizo

“¡Me saludas a la tuya!”, una frase muy mexicana, como podemos constatar a diario en este país. Sin embargo, recordar o mandar afectuosos saludos a la madrecita no es algo que haya surgido en estos últimos años, y menos la raíz de este hecho: ser un pueblo fruto de una violación, de la mujer indígena profanada porel español. Ya lo decía Octavio Paz: "En todas sus dimensiones, de frente y de perfil, en su pasado y en su presente, el mexicano resulta un ser cargado de tradición que, acaso sin darse cuenta, actúa obedeciendo a la voz de la raza..."

La voz de la raza, además de decretar órdenes, es configurada por el cosmos mexicano, pero no sólo eso: también lo forma. El lenguaje del mexicano, comotodos los lenguajes del mundo, es tanto reflejo de la realidad, como creador de la misma. Las palabras que utilizamos nos permiten ordenar y aprehender el universo y todo lo que en él hay; por ellas es que todo adquiere sentido, porque las cosas existen en el momento en que son nombradas. Es tal la magia del lenguaje, que hasta lo no existente cobra vida en la imaginación colectiva. Y también estal su magia, que crea el entorno y las circunstancias de quien lo habla.

Un aspecto tan crucial de la vida como lo es el del lenguaje, tiene que tener muchos investigadores devotos; tal es el caso de Enrique Soriano Valencia, quien a pesar de no haber cursado una carrera que se considere especializada en lengua, ha dedicado gran parte de su vida al estudio de ésta. Uno de los frutos de suapasionada dedicación es la columna semanal que publica el periódico correo,
“Chispitas de lenguaje”, la cual, además de buscar la preservación de nuestro idioma, tiene como finalidad que ésta nos cohesione como nación y nos hermane con otros pueblos que hablan otras variantes del español.

Para Enrique, el no dominar nuestro idioma se traduce en un limitado conocimiento y entendimiento denosotros mismos y de otros pueblos, pues si no conocemos ni entendemos nuestra realidad, mucho menos podremos hacerlo respecto a otras. Al respecto, señala que, debido a que no guardamos diferencias idiomáticas grandes con otros países de habla hispana, aún existe la posibilidad de entendernos con los más de 400 millones de personas que los habitan; hace hincapié en que no sólo debemosentendernos, debemos comprendernos, y eso demanda un lenguaje mucho más extenso y diverso.

Y es que, lamenta profundamente Enrique, en México tenemos un lenguaje pobre. “El lenguaje de la conversaciones populares es raquítico: entre `güey´ y `onda´ se llevan toda una conversación”, y añade “El libro Metodología del Aprendizaje de la SEP asegura que hemos reducido a 250 palabras nuestro lenguajecoloquial, cuando el diccionario oficial tiene más de 100,000 definiciones”. La causa de esta carencia de vocabulario la aduce al bajo nivel de lectura en México: “Imagínate, un tiraje promedio es de 5 mil ejemplares; para una población de 130 millones de habitantes es francamente ridículo”

Sí, es una realidad grave, que entraña una mucho peor: ¿cómo formar un criterio o actuar respecto aun problema que atravesamos como país, si no tenemos el léxico necesario para comprenderlo y por consiguiente, los instrumentos para hacerlo? Así lo ejemplifica Enrique: “Nuestro pobre lenguaje impide entender las condiciones de mercado, ahora tan complejo por las condiciones económicas mundiales. Si fuéramos capaces de interpretar correctamente lo que dicen los economistas, sería sencillo ponernosde acuerdo en la forma de actuar. Eso fortalecería nuestra economía”.

Al ser cuestionado sobre cómo y en qué medida la realidad determina nuestro lenguaje como mexicanos, en su rostro se dibuja una amplia sonrisa “Hay un ejemplo muy claro sobre esto”, afirma, “y es la palabra machote. Ésta puede ser percibida de dos formas: como el superlativo de macho, que sería la ascendencia...
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