Ciensias sociales

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ALEXANDR KOTSIUBINSKI Y DANIL KOTSIUBINSKI

Rasputin
El diario secreto
Traducción de Jorge Ferrer Díaz

Introducción

Grigori Rasputín se ha convertido hoy en una marca comercial rusa, comparable a las de Literatura rusa o Revolución rusa. A Rasputín lo conocen: se han rodado películas sobre su vida, se han escrito libros, se escuchan canciones sobre él, su nombre se utiliza parabautizar tiendas, restaurantes y bebidas alcohólicas, se discute acerca de él. De vez en cuando, los medios de comunicación rusos se afanan en buscar un candidato al apelativo de «Rasputín de nuestros tiempos» y suelen tener éxito en sus pesquisas.1 Los estudios sobre Rasputín, una virtual Rasputiniana universal, alimentan sus nóminas bibliográficas con una enorme cantidad de artículos de periódicos yrevistas, así como con un extraordinario número de folletos y libros.2 No obstante, ocurre algo muy curioso y es que, a pesar de la animosidad, la proliferación textual y la duración de las discusiones acerca de Rasputín, ni el fenómeno histórico del «funesto» starets* ni su propia personalidad han cobrado ni siquiera un ápice de claridad, si se comparan las actuales cotas con el nivel deconocimiento que se tenía de él cuando, a finales de la década de los
* Literalmente «el anciano»; en la tradición de la Iglesia ortodoxa oriental, líder espiritual carismático y principal autoridad de un monasterio. (N. del t.)

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rasputín

años diez y principios de la de los veinte del siglo pasado, comenzó la acumulación original de materiales informativos y analíticos acerca de su persona. Amenudo, los creadores de «nuevas versiones» no hacen más que utilizar los viejos mitos acerca del «último favorito del último zar» que recogen todas las crónicas pueriles, o intentan construir hipótesis originales apoyadas principal y, a veces, exclusivamente en la imaginación de sus autores. La razón primordial de esta suerte de callejón sin salida historiográfico estriba en que, a pesar de su grany evidente significación, el tema de Rasputín continúa siendo para los historiadores una especie de «aperitivo» o de «guinda», indigno de ser elevado a la categoría de primer plato historiográfico. En los trabajos científicos de entidad real, los capítulos dedicados a G. Y. Rasputín no pasan de cumplir un papel secundario en la exposición.3 Por otra parte, las obras que tienen a Grigori Rasputíncomo figura principal no pueden ser consideradas trabajos científicos en el sentido estricto de la expresión, toda vez que carecen de aparato bibliográfico o crítico4 o los contienen en una cantidad a todas luces insuficiente.5 En el mejor de los casos, los libros sobre Rasputín se limitan a incluir un listado general de obras consultadas y materiales de archivo que guardan relación con el tema dela investigación. Pero aun así, no se aclara cuáles de esas fuentes fueron utilizadas por el autor durante su trabajo, ni en qué medida. No es difícil comprender que en esas circunstancias resulta imposible cualquier discusión científica seria y plena, dicho sea en el sentido de que ayude a encauzarla hacia los márgenes de la verdad. En realidad, y aun sin pretenderlo, no se hace otra cosa queconvertir el trabajo sobre Rasputín en una disputa letrada banal y casi siempre estéril. La «investigación histórica» que publicó A. N. Bojanov en 2000 testimonia perfectamente esa situación. Bojanov describe al autor de otra monografía sobre Rasputín aparecida ese mismo año, E. S. Radzinski,6 con toda una ristra de epítetos francamente vulgares, aseverando, en concreto, que Radzins8 introducción

ki «dista de ser el único» de entre los «autores vivos que se dedican al tema [de Rasputín]», pero que «sin ninguna duda se trata del más prolífico autor de libelos y el más exitoso de entre los vendedores de mercancía barata».7 Tampoco tiene A. N. Bojanov la menor piedad con los autores «ya fallecidos», sin molestarse en aportar ninguna prueba concreta que apoye sus dictámenes. Así, para...
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