Cosas raras

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  • Publicado : 8 de mayo de 2011
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Cosas raras que pasan

La chica estaba sentada en un banco del parque, cerca de mi bloque de vivienda. Estaba leyendo un libro. En el parque hay mucha gente paseando. Pero ella estaba allí, inmutable, absorta en la lectura del libro. Esa chica siempre se sienta en ese banco, los sábados y los domingos y días festivos. Siempre la veo a través de la ventana de mi habitación. Esta mañana, sábado,salí a desayunar en una cafetería cerca del parque y cerca de mi bloque de vivienda. A mitad del camino del parque y mi vivienda. Me senté en un taburete, pedí un café con leche y cruasán a la plancha con mantequilla. El camarero, con el estrés encima, y sudando la gota gorda, atendía presurosamente a todos los clientes. No soy un cliente habitual en esa cafetería, suelo cambiar de cafetería, nosé por qué, pero despierto cierta animadversión o admiración o no sé qué historias con determinados camareros, y por eso no suelo ser cliente habitual, soy poco dado a la sociabilidad, me dejo ser poco conocido. Soy conocido para mis verdaderos amigos. A través del vidrio que separa el exterior del interior de la cafetería veía a la chica que leía absorta, como aislada del mundo exterior, y centradaen su propia lectura, creando su propio mundo a través de la lectura. El cruasán está poco hecho, lo que suponía, el camarero ha reaccionado de mala manera, me ha visto de mala manera, o sea, una de las cafeterías que borro de mi lista de preferencias de cafeterías.
Estaba observando a la chica, observé un poco más su vestimenta. Tiene falda roja. Y camiseta blanca. Casi desnuda. Un foco para lamirada. Hay una separación entre el parque y la cafetería, que es una calle, donde pasan muchos coches, y es difícil cruzar la calle. A pesar de haber un paso de cebra, los coches no respetan a los peatones. Cuando terminé de comerme el cruasán y beberme el café con leche, esperaba a que el camarero me cobrara. ¿Cuánto es? El camarero se hacía el sueco. Atendía a otros. Esperaba un rato, variosminutos. No me atendía. Puse varias monedas en el mostrador y me fui. Ya en el exterior, esperé varios minutos para poder cruzar la calle. Ni siquiera a la buena de dios. Anduve varios metros, hasta varias manzanas más, hasta encontrar una calle en la cual pudiera cruzar sin problemas, y volví hacia el parque. En un kiosco compré un periódico. Hacía una mañana estupenda, soleada. Con el periódicobajo el brazo, me dirigí hacia el banco donde se hallaba sentada la chica que leía absorta un libro. Me senté. A escaso metro de distancia. Ella no se daba cuenta de mi presencia. Abrí el periódico por la mitad. Leía al azar noticias, sucesos...
- Hola... Por favor... ¿Me puedes decir la hora?
Ella se despertó súbitamente de su lectura, me observó con cara de pocos amigos, e inmediatamente cambióde rostro, y dispuso un rostro amable, dio un giro a su muñeca del brazo izquierdo y miró su reloj de pulsera.
- Las diez de la mañana.
- Gracias.
- De nada.
- ¿Esperas a alguien?
- No... ¿Por qué?
- No sé... tu cara me resulta conocida en este parque.
- Bueno, suelo leer en este banco.
- Qué lees.
- Nada. Novelas de un amigo. No tienen títulos.
- Perdona mi intromisión... Yo vivo cercade aquí, y desde la ventana de mi dormitorio te veo los fines de semana y los días festivos sentada en el mismo banco y leyendo una novela...
- Es como un rito. Que lo cumplo religiosamente. Mi amigo escribió varias novelas. Y todas las novelas las ha escrito en este banco. Por eso leo en este banco. Escribió esas novelas los días festivos y fines de semanas. Mi amigo últimamente terminó comovagabundo, y escribía en este banco. Todo lo que escribía lo imaginaba desde este banco, era su banco predilecto. Mi amigo, ex-amante, murió de cáncer de pulmón.
- ¿Y qué escribía?
- No tiene título ni argumento. Escribía lo que pasaba en esos momentos. Los niños que juegan. Las parejas de enamorados abrazados y hablándose cariñosamente. Los gorriones. Los perros vagabundos y no vagabundos....
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