Crónicas de robots

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CRÓNICAS DE ROBOTS

Kit Reed

Kit Reed
Título original: ? Traducción: Fernando Lagar © 1977 Editorial Sirio. Edición digital: Umbriel R5 11/02

ÍNDICE Los robots no sangran, J. W. Graves (Robots Don't Bleed ©1950) Estancia en la tierra, Dan Morgan (The Earth Never Sets ©1956) Cantidad desconocida, Peter Phillips (Unknown Quantity © 1949) Ámame otra vez, Carol Emshwiller (Love Me Again©1956) Recuerdo borrado, Peter Phillips (Lost Memory ©1952) En busca de san Aquino, Anthony Boucher (Balaam ©1954)

LOS ROBOTS NO SANGRAN
J. W. Graves
Todo empezó en la Caverna del Hombre de Espacio que no es una caverna ni mucho menos, sino el mayor de los lugares de plexiglás y plástico que hay para comer en Terraport. Yo no solía ir con frecuencia a ese sitio. Sus elevados precios son más apropósito para el bolsillo de los grandes ejecutivos que para el hombre que actualmente sale al espacio. Pero después de un año entero lejos de la Tierra y de haber llevado a cabo uno de los viajes más felices que he hecho en mi vida, me sentía con derecho a darme la buena vida durante algún tiempo. Me concentré para gozar de la buena comida, escuchando distraídamente la música y fijándomevagamente, pero con placer, en el lujo que me rodeaba, cuando los dos conejos saltaron a mi mesa. La cosa era bastante sorprendente en sí misma. Terraport es el tipo de ciudad habitada sobre todo por forasteros. Es donde hay más costumbre de aterrizar a la vuelta de Sirio, quedándose una semana o un mes, y después volar otra vez a Betelgeuse o a Algol. Y no es el lugar más apropiado para criar conejos, ysi alguna de las minorías que actualmente viven en la ciudad tuvieran ese capricho, ¿por qué iban a ser tan excéntricos como para traer sus favoritos a un sitio como La Caverna? Soltando el cuchillo y el tenedor, me quedé embobado mirando a las pequeñas criaturas peludas. —¿Cómo demonios habéis entrado aquí? —les pregunté. El más próximo de los dos enderezó las orejas y arrugó la nariz, mirándome.—Saltando —me dijo brevemente. —Nos estamos exhibiendo —confirmó el otro—. A ella le gusta que lo hagamos, dentro de ciertos límites, naturalmente. Mi asombro creció una vez más. No. No he tenido ninguno de los contratiempos que son corrientes cuando venimos del espacio. Dicen que muchos se vuelven locos y yo por de pronto no lo estaba. Tampoco había bebido lo bastante para emborracharme y soñarfantasías. Los animalitos me estaban hablando correctamente. Pero... Entonces pensé que ya tenía la solución. —Ya veo —dije, y añadí—: Espero que me perdonaréis por el modo como os he mirado. Por el momento pensé que erais conejos terrestres y corrientes. Nunca he visto un caso tan extraordinario de evolución paralela. ¿De qué planeta sois? El primero de los animales miró al otro. Echó las orejaspara atrás y abrió su boquita colorada. —Escucha esto, Clarence —dijo riendo—. Cree que somos unos seres inteligentes de otro mundo. —¿Por qué no puede pensar eso, Claude? —preguntó el otro—. Esto demuestra lo buenos que son sus productos— y se volvió hacia mí guiñándome un ojo—. A ella le gusta que mostremos su trabajo siempre que tengamos ocasión, y no nos importa. Nosotros también creemos quesomos buenos. Estaba ya empezando a enfadarme, porque no me gusta que se rían de mí ni siquiera los conejos que hablan. Pero, por otro lado, mi curiosidad iba aumentando. —Está bien —murmuré—, si no sois unos seres inteligentes de otro mundo, ¿qué diablos sois? —Robots, naturalmente —masculló el llamado Clarence.

—Robots H. B. —añadió Claude—. Este artículo no es como el que produce el vulgo.Nosotros tenemos personalidad propia, distinguida y divertida. Al menos esto es lo que ella dice a los parroquianos. Dejé de mostrarme sorprendido y comencé a reír. —¿Es eso lo que ella dice? Pues pienso que hace muy bien, sea quien sea. En realidad así lo pensaba. El hacer que parecieran conejos de verdad no tenía nada de particular. La fotografía tridimensional corriente podría hacerlo con...
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