Cristo

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  • Publicado : 30 de mayo de 2011
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LA LECTURA CONSIDERADA COMO
UNA DE LAS BELLAS ARTES
Si la eternidad tiene alguna forma, debería
ser la de la gratitud. Agradecer es reconocer la
mano de los demás en la construcción de
nuestra vida. Es un gesto gratuito y al mismo
tiempo la raíz de todos nuestros valores.
Virgilio decía: “Mientras en el cielo haya
estrellas debe durar la memoria del bien que
hemos recibido”.Si mi madre, Lucía Bastos, a quien estoy
agradeciendo en esta página, no hubiese
llevado una colección de libros a Iturbe, tal
vez mi infancia hubiese sido distinta. Ese
pequeño pero inmenso gesto de mi madre me
presentó los mejores amigos que tuve a lo
largo y a lo ancho de la vida: los libros. Lucía
Bastos se llevó a Shakespeare, a los clásicos
del Siglo de Oro, a Homero y a unaconstelación de poetas que me abrieron otro
mundo más allá de las siestas incendiadas de
Iturbe, reflejos de un espejismo que no
termina de reverberar para dar forma a las
cosas, como los personajes de aquellos libros
inmortales. Con los libros recibí una herencia inmemorial y allá en la distancia, rodeado de
la naturaleza salvaje del paisaje, pude intuir la
marcha de la historia,las grandezas y miserias
del ser humano, las maravillas de otros
mundos tan lejanos como el brillo de las
estrellas de Virgilio.
Hago votos para que esta colección
“Festilibro” de obras infantiles y juveniles
sirva al mismo propósito: participar de mano
en mano, como el fuego sagrado de las
antorchas olímpicas, el entusiasmo de la
lectura y el amor a los libros para poderdecir,
como decía Montesquieu: “Nunca tuve una
tristeza tan amarga que una hora de lectura no
haya conseguido apagar”. A mi esposo, a mis hijos y a
todos los que me han ayudado
a ir hacia la niña, hacia lo
más hondo de mí misma,
ya que de algún modo soy ella. SOBRE LAS PÁGINAS QUE SIGUEN
Quién sabe si alguna vez –la probabilidad es
realmente remota– pueda convencernos la poesía
que,puesta a recordar la infancia ya difunta del
autor, ignora al niño aún oculto en cada uno de
nosotros. Por suerte, las páginas que siguen no le
ignoran y ellas son así un puente tendido también
hacia la propia infancia del lector. En el camino
propuesto por Raquel Saguier, abandonamos muy
pronto a los adoradores del calendario,
descubrimos que ellos sólo tienen razón a medias:
losseres, las cosas y los paisajes de la infancia
resisten muy bien eso que el hombre moderno
llama madurez y los clásicos preferían llamar “la
afrenta de los años”. Además, el lenguaje de este
libro goza de una propiedad poco frecuente: la
simbiosis. La escritura se desentiende aquí de
todo lo que no fuese una rápida presentación de
situaciones generales y conflictos acasonecesarios y ofrece, entonces y en sí misma, la
pintura de un encuentro, el de la mujer adulta y la
niña que de alguna manera dicha mujer adulta
sigue siendo.
Si lo pensamos desde el punto de vista que
acabo de mencionar, los episodios del libro corren
el riesgo de volverse puramente incidentales. Se
trataría, sin embargo, de un riesgo que bien puede
correr un libro cuando su escritura estápuesta al
servicio de la magia de los recuerdos y no de los recuerdos como tales. Así, los episodios de La
niña que perdí en el circo parecen estar
enlazados no tan sólo por los eslabones de la
narración sino también por los de la naturaleza
simbiótica del lenguaje empleado; pareciera que
estas páginas estuviesen ligadas, más aún,
soldadas por la llama de un conjuro.
Elconjuro se resume en apenas unas líneas.
Una mujer adulta convoca a la niña que ella fue, l
aniña aparece. Los conflictos de la mujer adulta,
sus no-conflictos, en suma, las experiencias de su
vida actual, ceden, retroceden ante la aparición de
la gran negadora de los años, la infancia aún
sentida y vivida en el último santuario posible, la
poesía.
J.A. Rauskin I
La niña y yo...
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