Cuantas medallas olimpicas a ganado ecuador

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miércoles 18 de mayo del 2011 Columnistas

Thomas L. Friedman
‘Soy un hombre’
EE.UU. |

Observar los levantamientos árabes de estos días me deja con una sonrisa en el rostro y un hueco en el estómago. La sonrisa proviene de presenciar toda una porción de la humanidad que pierde el temor y recupera la dignidad. El hueco se debe a una creciente inquietud de que la Primavera Árabe hayapodido ser tanto inevitable como demasiado tardía. Si no se sienten estos impulsos, esque no se está prestando atención.

¿La sonrisa? Un amigo libio me hizo la observación el otro día de que veía televisión árabe satelital en Benghazi, Libia, y un letrero sostenido en el aire durante una manifestación captó su atención. Decía en árabe: “Ana Rajula”, que se traduce como “Soy un hombre”. Si hay unletrero que resume todo el levantamiento árabe, es ese.

Como he tratado de argumentar, este levantamiento, en su raíz, no es político. Es existencial. Se parece más a Albert Camus que al Che Guevara.

Todos estos regímenes árabes, en un grado o en otro, les arrancaron a sus pueblos la dignidad básica. Los privaron de la libertad, y, ni mucho menos, les permitieron desarrollar su potencialcompleto alguna vez. Y, a medida que el mundo se ha hiperconectado, se hizo evidente para cada ciudadano árabe cuán retrasados estaban, no solo respecto de Occidente, sino de China, India y partes de la África subsahariana.

Esta combinación de ser tratados como niños por sus autócratas y como retrasados por el resto del mundo, nutrió una profunda humillación, que aparece en letreros como el de Libia,que anuncian ante nadie en particular: “Soy un hombre; tengo valor, tengo aspiraciones, quiero los derechos que tiene el resto del mundo”. Y, debido a que muchos árabes comparten estos sentimientos, esta Primavera Árabe no va a terminar, sin importar a cuántas personas maten estos regímenes.

Son los novelistas, no los politólogos, los que mejor pueden articular este estado de ánimo. RaymondStock, quien imparte árabe en la Universidad Drew en Madison, Nueva Jersey, está escribiendo una biografía del laureado egipcio con el Nobel, Naguib Mahfuz. En un ensayo publicado por el Instituto de Investigación de Política Exterior, Stock señaló cómo Mahfuz previó tantos de los sentimientos que impulsaron a la Primavera Árabe en su novela Ante el trono. En él, Mahfuz pone en boca de un rebeldeinstigador, que defiende su revolución contra el faraón, palabras que pudieron haberse escuchado cualquier tarde en la plaza Tahrir este año: “Hemos aguantado agonías más allá de lo que cualquier ser humano puede soportar. Cuando levantamos nuestro feroz enojo contra la podredumbre de la opresión y la oscuridad, llamaron a nuestra revuelta caos y a nosotros, meros ladrones. No obstante, no era másque una revolución en contra del despotismo, bendecida por los dioses”.

Sin embargo, eso también explica el hueco en el estómago. Estos regímenes árabes han estado determinados a evitar el surgimiento de cualquier sociedad civil o partidos progresistas bajo su gobierno. Así que cuando estos regímenes se quiebran hasta arriba, el elevador va directo del palacio hasta la mezquita. No hay nada enmedio, ningún partido ni instituciones, legítimos.

Así que los fuereños enfrentan un dilema cruel: quienes dicen que Estados Unidos debió haber apoyado a Hosni Mubarak o no debió estar a favor de derrocar a Bashar Asad en Siria –en el nombre de la estabilidad– olvidan que su estabilidad se construyó sobre el estancamiento de millones de árabes, mientras avanzaba el resto del mundo. Al puebloárabe no se le ofreció la estabilidad autocrática china: te quitamos la libertad y te damos educación y un nivel de vida en aumento. Su pacto fue la estabilidad autocrática árabe: te quitamos la libertad y te alimentamos con un conflicto árabe israelí, corrupción y oscurantismo religioso. Sin embargo, adoptar la caída de estos dictadores –como debemos hacer– es defender el reforzamiento de un...
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