Cuento literario

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MUERTE Y RESURRECCION

Típico olor a flor pasada de punto. Una inundación de coronas que atestan el ambiente.
Demasiadas ofrendas a gusto de Alberto. Deberían prohibir ese tipo de obsequio a unmuerto que no se entera de nada, Él mismo se encargaría de hacérselo saber a los suyos antes que llegue su hora.
En eso reflexionaba con la miraba perdida en uno de los sillones laterales mientrasestudiaba el entorno. No iba a moverse de ese lugar privilegiado porque desde allí no se veía forzado a saludar a nadie. Evitaría a cualquier precio las conversaciones tediosas de velatorio.
Su suegrale había hecho la vida imposible. Nunca la quiso. En el fondo verla allí le producía un placer morboso e inconfesable. Tan quieta, tan indefensa y muerta al fin.
Se mantenía inerte mientras eldesfile de caras compungidas de “lo siento mucho”…”mi más sentido pésame” transitaban delante suyo. Él ni siquiera se movía de su sitio. Obligaba a los asistentes a reclinarse hasta el sillón donde estabacasi recostado. Así pensaba quedarse las tres horas que restaban para el entierro.

Paula, su mujer, se tomaba muy en serio el rol de anfitriona. Ostentaba un protagonismo que a él le resultabahabitual hace 20 años. Imposible no reparar en su esposa: su timbre de voz agudo y su andar eran inconfundibles. Hacía unos años estaban desencontrados y este acontecimiento había planteado una tregua.Aún le parecía bella y nunca dudó de su inteligencia. Con sorpresa notó que aún lo quería y que tal vez podrían levantar la relación luego del incidente de hace años.

La entrada de Manuelenrareció el ambiente. Lo modificó todo. Le dio a Paula un abrazo demasiado prolongado e intenso. Fue tan intenso que los más de cincuenta asistentes se olvidaron por unos instantes de la difunta. Sumujer estaba demasiado vulnerable Manuel estaba explotando la situación a su favor marcando presencia.
En medio de ese saludo interminable Alberto se fue a fumar a la puerta. No iba a intervenir...
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