Cuentos paraguayos

La cita – Mario Halley Mora
Roberto creyó haber discado bien, pero salió un número equivocado. Y allí empezó todo.
Aquella voz que amablemente le dijo: «Equivocado, señor», una voz sin rostro,anónima hasta la exasperación, puro sonido, le trajo misteriosas sensaciones. Y trató de seguir la conversación.
-Disculpe, señorita. No quise molestar. Creo haber discado bien...
-Suele suceder, señor-replicaba la voz.
-La línea suele estar recargada a esta hora...
-Bueno, razón para que no se culpe, señor -detrás de la voz amable, Roberto adivinaba un atisbo de sonrisa buena, paciente, femenina.Y del tema de la línea recargada pasaron a otros, con cautela, probándose, como dos desconocidos, hombre y mujer, que van a salir a bailar su primera pieza, y los pies no se acomodan al ritmo quesurge y vibra en la orquesta.
A los 20 minutos Roberto ya había declarado que era soltero (cierto), que tenía 32 años (mentira, tenía 38) y había averiguado que ella tenía 25 años (?), que era morena,y también soltera.
A la media hora...
-Sería para mí tanta satisfacción conocerla...
-¿Después del primer llamado...? Oh...
-Es que... se vive hoy tan de prisa...
-Sí. Pero qué pensará de mí...-...que es una chica moderna...
Y consiguió la cita.
-Estaré allí a las cinco. Llevaré un traje ambo, pantalones grises y saco obscuro... y ah... corbata verde.
-Lo reconoceré, Roberto (ya sehabían intercambiado los nombres). Yo llevaré minifalda azul a motitas blancas. Y botitas blancas.
Fijaron la concurrida esquina céntrica, la hora, y se despidieron. Ya al colgar, Roberto se dio cuentaque no había preguntado con qué número estaba hablando.
Cuando colgó el tubo telefónico, Roberto sintió una sensación de alegría. Solterón, un poco triste y gastado, prisionero de su solitaria vida depensión familiar, muchas veces había soñado con una compañía permanente, una casita suya y una mujer, también suya.
Aquella voz, un poco arrastrada pero suave, a la manera de un sonoro dulce de...
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