Cuentos sobrenaturales

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AIRE DE MARZO

I

Sucedía siempre en marzo, antes de iniciar la primavera, nunca antes, ni nunca después, no puse atención en que días y con el tiempo mi nariz o mi memoria dejó de reconocer aquello o lo cambió por otra cosa. Pero sucedía en marzo, porque recuerdo el camino de tierra entreverado en los sauces, los belloteros y los árboles de tlachicon agarrados y retorcidos entre las piedrasde las riveras. Y mis pies iban levantando el polvo de las hojas secas y su aroma se mezclaba en la humedad del clima, con el sol brillante pero sosegado, un sol de invierno muriendo y, entonces, la nariz se me empapaba de esos aromas y podía asegurar que era invierno, porque olía a invierno y por eso recuerdo que sucedía en marzo y que aún no llegaba la primavera.

Creo que mi imaginación eramás en aquel tiempo y estaba desbordada aún por algo desconocido que fui perdiendo con los años. Pensaba en el aroma de marzo y olía a invierno, pensaba en el invierno y podía sentir el aire espeso de humedad fría, con vapores ligeros de hielo, y mi aliento congelándose al contacto con el ambiente. La nariz se me llenaba de frescura y creo que podía sentirla sonrojada, aunque vivía en la costa,donde nunca nieva, ni hay heladas y ni siquiera hace frió suficiente. El sol fue lo único que no cambio de aquellas épocas. Porque hace mucho que no recuerdo ni percibo lo demás. Quizá si lo hubiera contado en aquel tiempo alguno de los pocos amigos que tenía lo habría comprendido… No lo hice, con ocho años de vida uno está más interesado en descubrir que en compartir y, ahora, aunque lo cuento y loescribo habrá muy pocas personas que lo entiendan y serán menos las que puedan sentirlo en su nariz, no sólo ese aroma, sino otros más sencillos: la corteza de árbol que huele a abrazos, el polvo suelto que huele a camaradas, la carretera húmeda que huele a silencio y las hojas cayendo de los árboles en febrero que huelen a un sol diminuto, a frescura, a cielo desmoronándose en trozos de mentatransparente, a inmensidad de pasados.

Y de todos esos aromas hay uno que me remonta a un círculo sin fin, como si en los 360 grados sólo se repitiera más de la misma historia y los últimos 10 grados no tuvieran otra cosa que silencio y el recuerdo del silencio. El aroma de algo que llegaba en marzo, y que siguió llegando en marzo con las lluvias desubicadas de esta región del planeta.

II

Alas penumbras de enredaderas y de ramas tejidas en los árboles que bordeaban aquel camino, que tuve la suerte de conocer y de recordar solo en marzo, seguía un tramo pedregoso, de unas piedras lavadas y recubiertas de arena. Las lluvias de mayo las limpiaban a conciencia cada año. Pero en marzo, el sol las tostaba y las hacía brillar como lunas insertadas entre campos de estrellas diminutas. Conlos amigos pasábamos corriendo ese tramo, nuestros pies descalzos nos obligaban a brincar todo lo que se podía sintiendo las cosquillas de la arena y alguna que otra vez el dolor de una piedra o de una espina arrastrada hasta ahí por las crecidas de mayo. Llegando al río, nos tirabámos en sus riberas de pasto y de un musgo verdoso y pardo que no he visto nunca en otro lado, también estaba la arena,pero estaba caliente y aunque era muy raro, en el pasto nos pasábamos horas dormitando y contando las hojas de los árboles, viendo pasar las aves y aspirando los perfumes de los guayabos en flor y también comiendo guayabas, pero en la arena a los diez minutos nos invadían las hormigas y los tábanos atacaban por el aire.

En esos días en los que por alguna razón desconocida el maestro no llegaba,nos íbamos desde temprano a rebuscar entre las piedras: las congas y los chacalines, los asábamos en una fogata y nos los comíamos con limón y sal, pero eso se acabo cuando empezamos a perder gente en el pueblo, cuando empezamos a extrañar que mi mamá nos preparará una gorda de manteca y un café caliente antes de irnos, porque siempre pasábamos por mi casa antes de la caminata, y después nos...
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