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Filosofía de la elocuencia
Antonio de Capmany y de Montpalau

Prólogo

     Si por la palabra Elocuencia hemos de entender el arte de exaltar el patriotismo, moderar las costumbres, y dirigir los intereses de la sociedad, es preciso confesar que los antiguos llevan grandes ventajas a los modernos; o por decirlo mejor, son hoy nuestra admiración, ya que no pueden ser nuestro modelo. Pero siceñimos su sentido primitivo y general a la Elocución, a cuyos efectos debieron su crédito y autoridad los caudillos antiguos, y los primeros oradores su triunfo, habremos de convenir en que las lenguas vulgares, aunque menos ricas, flexibles, y harmoniosas que la griega y romana, han producido escritores, iguales a los de aquellos tiempos en la nobleza, gracia, y colorido de la expresión, cuandono superiores en la elevación, grandeza, y verdad de las ideas. Y como éstas permanecen siempre inalterables, podemos apreciarlas mejor que la dicción, que se desfigura, o se pierde en las traducciones.
     En muchos oradores de la antigüedad leemos los pleitos comunes de nuestros abogados: pretensiones privadas, hechos domésticos, agravios personales, pruebas legales, lenguaje ordinario,detalles prolijos, capaces de hacer bostezar a quien no sea juez, parte, o patrono. Sólo las plumas de Salustio y Tácito saben hacer interesantes las cosas más menudas, y dar grandeza a los hechos mas pequeños, no por la expresión con que los visten, sino porque siempre los presentan con relacion a la política, y a las revoluciones del Imperio Romano. Confesemos, pues, que sólo un ciego entusiasta detodo lo que no se piensa, dice, y hace en su tiempo puede encontrar dignidad, hermosura, e interés en la mayor parte de aquellas causas forenses, que no podían conmover sino al que temía o esperaba de la sentencia de sus juicios. Nuestros Tribunales Supremos, los de Francia, e Inglaterra producen Magistrados sabios y celosos, que en defensa de la justicia, de la propiedad civil del hombre, y delderecho de la Soberanía han hecho brillar la eficacia y gravedad de la elocuencia. Pero estos hombres viven con nosotros, hablan nuestra lengua, tienen nuestros defectos; y esto basta para no ser leídos, ni celebrados.
     Los antiguos se miran en perspectiva; no son de carne y sangre a los ojos de la imaginación. Con el transcurso de los siglos han depuesto todo lo grosero, y sólo ha quedadolo espiritual: el individuo en abstracto. Así alma, genio, espíritu, numen, talento son los signos con que se los representa la posteridad, ésta que halla héroes a los hombres que nunca lo fueron para su ayuda de cámara. Si pudiésemos leer el diario de la vida privada de Alejandro, Demóstenes, César y Cicerón, ¿cuántas flaquezas, miserias, y ridiculeces veríamos, que la historia civil abandono ala mordacidad de los contemporáneos? Todos los sabios, políticos, y conquistadores empiezan a crecer a los cien años de enterrados, porque la muerte de los ofendidos, rivales, o envidiosos, sepultando en el olvido todo lo pequeño y personal de los famosos varones, deja sólo el hombre público con lo grande, ruidoso, o importante de sus dichos y acciones.
     Pido que estas reflexiones se meperdonen en obsequio de la verdad, y defensa de nuestro siglo, que muchos detestan con la misma justicia que celebran a los pasados. Por cuatro osados sacrílegos, cuatro impíos por vanidad, dignos de no hallar asilo ni sustento sobre la tierra, no se debe amancillar la gloria de una edad ilustrada, que acaso formará la época mas memorable en los fastos de los conocimientos humanos. Borremos de lalista de los Sabios a los que quieren pervertirnos; pero demos honor a los que con sus luces y doctrina nos llenan de beneficios.
     La Cátedra sagrada ha recobrado en España sus antiguos derechos: la persuasión evangélica, la sencillez apostólica, la energía profética, y la decencia oratoria, apesar de la obstinación de los esclavos de la costumbre, que fundan el amor de la patria en el de sus...
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