De la cobardia

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Castigo de la cobardía

Miguel de Montaigne

A un príncipe que era al propio tiempo valeroso capitán he oído sostener el
principio de que no es lícito por cobardía condenar a muerte a un soldado, con motivo
de haberle referido, en ocasión en que se hallaba en un banquete el procesado del señor
de Vervins, quien fue condenado a la última pena por haber hecho entrega al enemigo
de la plazade Bolonia. Es lógico que se establezca diferencia entre las culpas que tienen
su origen en nuestra debilidad y las que provienen de nuestra malicia; pues en estas
últimas sujetámonos a nuestro proceder, contraviniendo los principios de la razón que la
naturaleza imprimió en nosotros; y en aquéllas, como que podemos testimoniar en
nuestro abono la misma naturaleza que nos hizo proceder conflojedad y desacierto. Por
manera que, muchos han sido de opinión que el castigo sólo debía aplicarse a las faltas
cometidas contra nuestra conciencia, y en este precepto se halla fundada en parte la
opinión de los que se oponen a que se condene a muerte a los heréticos y descreídos,
como también la que establece que no se haga responsables a un juez o a un abogado de
las faltas que porignorancia cometieron.
Mas por lo que a la cobardía toca, es lo cierto que la manera más frecuente de
castigarla es la vergüenza o ignominia. Créese que tal pena fue impuesta primeramente
por el legislador Carondas, y que antes de éste las leyes griegas imponían la
muerte a los que habían huido en una batalla. Este legislador ordenó que los cobardes
fuesen por espacio de tres días expuestos en laplaza pública, vestidos de mujer,
esperando por tal medio que con la vergüenza y deshonra recobrasen el valor que habían
perdido.
Suffundere malis hominis sanguinem, quam effundere (Más vale que el
delincuente se avergüence de su culpa que derramar su sangre. TERTULIANO,
Apologética.). Parece que las leyes romanas imponían también la muerte a los que
incurrían en el delito de huida; puesAmiano Marcelino dice que el emperador Juliano
condenó a diez de sus soldados que no volvieron la espalda en un encuentro con los
partos, a la pena de degradación y luego a la de muerte, según las leyes antiguas como
asegura aquel historiador. En otro pasaje, sin embargo, dice que se condenaba a los que
huían solamente a que permaneciesen entre los prisioneros, detrás del ejército, bajo la
enseñadel bagaje. El duro castigo que aplicó el pueblo romano a los soldados que
huyeron de Canas, y en la misma guerra a los que siguieron a Cneo Fulvio en su derrota,
no fue la muerte; mas es de temer que la vergüenza a que se somete a los soldados, los
convierta no ya en amigos débiles, sino en enemigos declarados.
En tiempo de nuestros padres, el señor de Franget, que fue lugarteniente de lacompañía del mariscal de Chatillón, habiendo sido instituido gobernador de
Fuenterrabía por el mariscal de Chabannes, en sustitución del señor del Lude, entregó la
plaza a los españoles. Por tal proceder fue condenado a la degradación, y despojado de
nobleza; y así su persona como la de sus descendientes declaradas plebeyas, como tales
sometidas a impuesto e inhabilitadas, para el ejercicio delas armas. La sentencia fue
ejecutada en Lyón. Análogo castigo sufrieron después todos los nobles que se hallaron
en Guisa, cuando entró en esta plaza el conde de Nansau, y la misma pena se aplicó a
otros más tarde. De todos modos, cuando existe una falta grosera, demostrada, de
ignorancia o cobardía, que sobrepase lo ordinario, hay razón para tomarla como prueba
suficiente de maldad y maliciay para castigarla como tal.

De la tristeza
Miguel de Montaigne
Yo soy de los más exentos de esta pasión y no siento hacia ella ninguna inclinación
ni amor, aunque la sociedad haya convenido como justa remuneración honrarla con su
favor especial; en el mundo se disfrazan con ella la sabiduría, la virtud, la conciencia;
feo y estúpido ornamento. Los italianos, más cuerdos, la han llamado...
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