Despues de muchas horas de viaje

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  • Publicado : 19 de octubre de 2010
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El Viaje

Después de muchas horas de viaje, de heterogéneos elementos para matar el aburrimiento, los infaltables crucigramas, de haber leído unas cuantas revistas de papel couché, los oídos cansados por la música ya repetida, la comida chatarra, sin consistencia y de muchos parajes vistos desde su ventana que iban de lo desértico a lo cada vez más frondoso, llegaron al fin a su destino.Luciano y Antonela tal y cual pareja de jóvenes enamorados salieron con rumbo a disfrutar de sus vacaciones de verano, llevaban dos años juntos compartiendo diferencias y similitudes, verdaderos polos opuestos. Él más bien aventurero y espontáneo, le gustaba el goce de la vida y la libertad sin restricciones. Ella a diferencia de su amado, era una mujer mucho más citadina, estructurada con sus ideasy necesidades, no dejaba nada al azar.
Al llegar, fueron recibidos por su guía según el itinerario organizado por Antonela, se encontraban en medio de la selva peruana, rodeados por un infatigable verde que iba desde el más claro al más oscuro, el calor y la humedad les brotaba por los poros haciéndoles brillar la piel como un imán que atraía sin dudar a los mosquitos, los ruidos de los animalesen los árboles la atemorizaban al avanzar pero para Luciano no era sino más que un concierto entregado por la naturaleza y del cual debían disfrutar, fue así como avanzaron paso a paso entre las espesuras del la selva y de la infatigable belleza autóctona hasta llegar a la rivera de un río descomunal por su magnitud pero tan sereno y calmo que sin duda transmitía una cierta mística en laatmósfera.
* ¡Observen “La Amatista”!: dijo el guía a Antonela y Luciano, quienes asombrados no respondieron ni una sola palabra, sólo se dedicaron a contemplar.
El barco que sería su casa y refugio por los próximos siete días, lucía encantadora y romántica. Se trataba de un barco fluvial de principios del siglo pasado, construido íntegramente en madera y pintada en colores amarillo, verde ymarrón.
* ¡Es aquí donde comienza nuestro viaje! : dijo Luciano a Antonela emocionado.

El barco navegaba tranquilamente por el río peruano. Los enamorados, sobre la cubierta, contemplaban impacientes la gente que caminaba por la rivera. Es que por fin estaban disfrutando de tal belleza, el medio de la selva del Amazonas.
Antonela y Luciano habían ido allí para aprender más sobre la culturaAchuar, indígenas que junto a los Yurimaguas, Andoas y Nunkui habían habitado la zona durante siglos. Fue ahí donde Luciano con un gran desenfreno quiso bajar del barco y detenerse en la orilla para quedarse junto a ese pueblo y otros que deseaba conocer y sin titubear Antonela lo siguió pensando que para nada era una idea descabellada. Luego del desembarco se dirigieron a un negocio de alquiler devehículos con la intención de rentar un jeep, porque según les había dicho su guía Juvenal, la zona era bastante pantanosa y difícil de circular. La pequeña aldea aborigen se encontraba a más o menos 10 Km. de la ciudad. Sin embargo debido a lo dificultoso y serpenteado del camino tardaron más de una hora en llegar al lugar. En medio de la espesura de la selva, alcanzaron a avistar las chozas.Cuando estaban cerca dos individuos altos, morenos, de pelo enrulado cortito como los africanos se les acercaron al vehículo. Su guía que hablaba en la lengua Achuar o Jíbaro, les dijo que eran dos profesores que venían para aprender de ellos, que querían pasar algunos días en su tribu para ver cómo vivían. Contestaron que el jefe Huambisa sería quién decidiría si se podían quedar o no. Fueronllevados con el líder de inmediato, y luego de darles las mismas explicaciones que a los guardias, éste consultó con el que parecía ser el más anciano de la tribu. Les dieron su aprobación y dejaron una choza a su entera disposición.

Tremenda sorpresa se llevaron al día siguiente cuando, al amanecer, se escuchó como si alguien estuviera bailando y cantando. Se asomaron a la puerta de la choza que...