Donde esras

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EL EVANGELIO DEL MAL (4g)1:EL LIBRO DEL MAL (1G)4

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11 de febrero de 1348. Convento-fortaleza de Bolzano, en el norte de Italia La falta de aire en el cubículo donde la gran vela de cera está acabando de consumirse debilita la llama. No tardará en apagarse, y despide un nauseabundo olor de sebo y cuerda caliente. Agotada tras haber grabado un mensaje en lapared con ayuda de un clavo, la anciana religiosa emparedada lo relee una última vez, rozando con la yema de los dedos las marcas allí donde sus ojos cansados ya no consiguen distinguirlas. Luego, cuando está segura de que esas líneas han quedado profundamente grabadas, comprueba con mano trémula la solidez de la pared que la mantiene prisionera. Un muro de ladrillos cuyo grosor la aísla del mundo yla asfixia lentamente. Lo exiguo de la tumba le impide ponerse en cuclillas o permanecer erguida, y ya hace horas que la anciana retuerce la espalda en ese cubículo. El suplicio del emparedamiento. Recuerda haber leído numerosos manuscritos que referían los sufrimientos de esos condenados a los que los tribunales de la Santa Inquisición encerraban tras un muro de piedra después de haberlesarrancado las confesiones deseadas. Practicantes de abortos, brujas y almas muertas a las que las pinzas y los tizones hacían confesar los mil nombres del Diablo. Recuerda sobre todo un pergamino que relataba la toma en el 13

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siglo anterior del monasterio de Servio por las tropas del papa Inocencio IV. Aquel día,novecientos caballeros rodearon esas murallas tras las que se decía que, poseídos por las fuerzas del Mal, los monjes hacían decir misas negras en el transcurso de las cuales destripaban a mujeres preñadas para devorar a sus criaturas. Detrás de ese ejército, cuya vanguardia destrozaba el rastrillo con el ariete, carros y carruajes transportaban a los tres jueces de la Inquisición y a sus notarios,los verdugos y sus instrumentos de muerte. Una vez derribada la puerta, encontraron a los monjes arrodillados en la capilla. Tras examinar esa asamblea silenciosa y pestilente, los soldados del Papa degollaron a los más débiles, a los sordos, a los mudos, a los deformes y a los idiotas; luego llevaron a los demás a los sótanos de la fortaleza, donde los torturaron noche y día durante una semana.Una semana de alaridos y de lágrimas, acompañados por la ronda incesante de los cubos de agua putrefacta que sirvientes aterrados arrojaban sobre las baldosas para diluir los charcos de sangre. Finalmente, cuando la luna se ocultó tras esas inconfensables atrocidades, los que habían resistido a los desmembramientos y a las estacas, los que habían gritado mientras los verdugos les perforaban elombligo y les desenrollaban las tripas, los que no habían expirado mientras el hierro de los inquisidores hacía chisporrotear su carne, fueron emparedados, agonizantes, en las profundidades del monasterio. Cuatrocientos esqueletos que arañaron el granito hasta desangrarse. Ahora le tocaba a ella. Con la diferencia de que la vieja religiosa no había sufrido los tormentos de la tortura. Para escapar delasesino demoníaco que se había introducido en su convento, ella misma, la madre Yseult de Trento, superiora de las agustinas de Bolzano, se había emparedado con sus propias manos. Mortero y ladrillos para tapar la brecha de la pared en la que había encontrado refugio, unas velas, sus escasos efectos personales y, enrollado en un trozo de hule, el terrible secreto que se llevaba con ella. No paraque se perdiera, sino para que no cayera en manos de la Bestia que la perseguía en aquellos lugares santos: un criminal sin rostro que, noche tras noche, había ido matando a las trece religiosas 14

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de su congregación…, un monje… o algo innombrable que se había metido bajo el santo sayal. Trece noches. Trece...
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