Dxsx

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 144 (35834 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 10 de noviembre de 2010
Leer documento completo
Vista previa del texto
La familia de Pascual Duarte
Camilo José Cela

Dirección del proyecto: R. B. A. Proyectos Editoriales, S. A.

© Camilo José Cela
© Ediciones Destino, S. A.
© Editorial Seix Barral, S. A., para la presente edición.
Córcega, 270. Barcelona – 8
Primera edición de esta colección: mayo de 1983
Depósito legal: B.15.141 – 1983
ISBN 84-322-2161-9
Printed in Spain – Impreso enEspaña
Gráficas Ramón Sopena, S. A., Barcelona

Archivo revisado por LiberBibliOteca, Mayo 2007.

PASCUAL DUARTE, DE LIMPIO
P
ascual Duarte, a fuerza de llevar tiempo y tiempo sin mudarse de ropa, estaba sucio y casi desconocido. Muy limpio, lo que se dice muy limpio, no lo fuera nunca, bien cierto es, pero tan sucio como últimamente tampoco era su natural. Los libros que tienen muchasediciones acaban siempre por ensuciarse y, de cuando en cuando, conviene fregotearles la cara para volverlos a su ser. Esto de la higiene es are capcioso pero necesario, arte que si bien debe usarse con cautela para no caer en sus garras, fieras como las del vicio, tampoco es prudente huirlo ni despreciarlo. En Orense vivía un señor que se llamaba don Romualdo Vaqueriza Duque, quien motejaba al bidetde cabeza de puente de la masonería en la vetusta civilización hispana; la gente, como no sabía bien lo que quería decir eso de vetusta, lo dejaba hablar. Don Romualdo, que era muy aparente, murió de un incordio anal que, según la ciencia, quizás hubiera podido desprenderse con jabón. A mí no me agradaría que el recuerdo de Pascual Duarte —¡pobre Pascual Duarte, muerto en garrote!— muriera como DonRomualdo, de resultas de su miedo al agua.
Los escritores, por lo común, corregimos las pruebas de nuestras primeras ediciones y a veces, ni eso. Las que siguen las dejamos al cuidado de los editores quienes, quizá por aquello de su conocida afición al noble y entretenido juego del pasabola, delegan en el impresor, el que se apoya en el corrector de pruebas que, como anda de cabeza, llama en suauxilio a ese primo pobre que todos tenemos quien, como es más bien haragán, manda a un vecino. El resultado es que, al final, el texto no lo reconoce ni su padre: en este caso, un servidor de ustedes. Los libros, con frecuencia, mejoran con esa gratitud y tácita colaboración, pero los autores rara vez nos avenimos a reconocerlo y solemos preferir, quizás habitados por la soberbia, aquello que conmejor o peor fortuna habíamos escrito.
A veces pienso que escribir no es más que recopilar y ordenar y que los libros se están siempre escribiendo, a veces solos, incluso desde antes de empezar materialmente a escribirlos y aun después de ponerles su punto final. La cosecha de las sensaciones se tamiza en la criba de mil agujeros de la cabeza y cuando se siente madura y en sazón, se apunta en elpapel y el libro nace. Lo que sucede es que el libro, después de nacer, sigue creciendo —armónico o desordenado— y evolucionando: en la cabeza de su autor, en la imaginación o en el sentimiento de los lectores y, por descontado, en las páginas de sus ulteriores ediciones. Estos crecimientos no son de la misma substancia, bien es verdad, pero todos le hacen crecer. Un niño crece de diferentemanera que un cáncer, pero el cáncer —y eso es lo malo— también crece.
Con el Pascual Duarte casi he tenido —en esta ocasión— que recurrir a la cirugía para podarle lo que sobraba tanto como para devolverle lo que le quitaron; al final, afortunadamente, bastó con una buena jabonadura. Aunque ahora, al releerlo al cabo de los años, me entraron tentaciones de acicalarlo con mayor esmero y pulcritud, hepreferido dejar las cosas —en lo fundamental— como estaban y no andarle hurgando. No la hurgues, que es mocita y pierde —oí decir por el campo de Salamanca, algo más arriba del paisaje extremeño de Pascual Duarte. Además, mi cabeza no es la misma de hace veinte años y este libro es producto de mi cabeza de aquella y no de mi cabeza de hoy. Seamos respetuosos con el calendario.
Montaigne...
tracking img